Reporteras por la vida

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Por Osviel Castro Medel | 29 agosto, 2020 |
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Las tres están en los esplendores de sus existencias, pero ya han debido asumir liderazgos complicados en el periodismo, una esfera en la que llueven los criterios encontrados.

Las tres son hijas únicas de sus progenitoras, algo que no conllevó, paradójicamente, a la sobreprotección extrema, sino al “desamarre” de los convencionalismos y a ganar toda la confianza para enfrentar las rocas del camino.

Como si fueran pocas tales coincidencias, las tres provienen de familias humildes y se graduaron con Título de Oro, un hecho que las impulsó, pero no las endiosa.

Susel Domínguez Serrano tiene 33 años y está al frente del departamento informativo del sistema de la televisión en Granma, Leipzig del Carmen Vázquez García anda por 32 y dirige periodistas en Radio Bayamo, en tanto Geidis Rosa Arias Peña es, a los 29, la jefa de la redacción digital del periódico La Demajagua.

Fueron y son de las profesionales destacadas en la cobertura a los hechos vinculados con el enfrentamiento a la COVID-19; por eso merecieron la condición Jóvenes por la vida, que otorga el Buró nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) a personas e instituciones  sobresalientes en la lucha contra el nuevo coronavirus.

Geidis entrevistó, por distintas vías, a varios de los enfermos con el SARS-CoV-2, también a especialistas que viajaron a otros países a combatir la pandemia. Susel estuvo en centros de aislamiento buscando historias dignas de contar en la pantalla y Leipzig regaló a los oyentes relatos de seres humanos que trataron a los primeros pacientes aislados en la provincia.

“La COVID- 19 retó a los medios de prensa, sobre todo a los tradicionales. Los obligó a involucrarse de a lleno con las nuevas tecnologías y multiplicar sus funciones. El trabajo en equipo fue de las mejores experiencias, eso hoy debemos promoverlo más, porque no se trata de que un solo periodista asuma todas las exigencias de la red de redes sino de crear grupos de trabajo para diversificar  las tareas”, comenta Geidis, quien se graduó en 2014.

Leizig, egresada en 2011 -también en la Universidad de Holguín- opina que a raíz de esta enfermedad, ahora las coberturas periodísticas obligan a “cuidarnos más, pero también hemos aprendido a racionalizar el tiempo y a orientar mejor a quienes nos siguen por las ondas radiales”.

Susel, con 11 años de experiencia laboral desde que salió de la Universidad de Oriente, dice que esta situación “nos cambió a todos, hasta la manera de realizar el audiovisual. El televidente exigía mucha más información en esos meses tan tensos, éramos menos entonces, nos esforzamos el doble o el triple. Lo que hice fue estar al lado de los que trabajan. Mi colectivo también, unos en redes, otros al pie del cañón. Fui a lugares de alto riesgo de contagio y tuve miedo, pero no descuidé la protección”.

Todas coinciden en que la familia resultó fundamental para lograr un ritmo laboral más intenso en tiempos complejos. A Geidis, manzanillera de nacimiento y bayamesa de casi todo el tiempo, se le hace un nudo en la garganta cuando habla del apoyo de Graciela (Chely), su mamá, siempre al tanto de cada palabra y acción, “más contenta que yo con el reconocimiento”.

Algo similar les sucede a sus colegas, agradecidas con sus respectivos compañeros de matrimonio, quienes muchas veces tuvieron que cuidar a los hijos pequeños.

El periodista Alfredo Brito, esposo de Susel, jugó con Ernestico repetidamente mientras ella estaba en labores reporteriles y Arnaldo Torres, el de Leipzig, más de una noche mimó a la inquieta Betsy para que la reportera, oriunda de Río Cauto, pudiera construir una noticia.

Por cierto, en ese municipio, Belquis García, corresponsal de Radio Bayamo, vibró de emoción cuando supo que su hija había ganado el estímulo.  Igual sacudida sentimental sintió en la capital provincial Kenia, la madre de Susel.

Ninguna estaba buscando el mérito personal, pero la llegada de este estímulo moral las lleva  acaso a repasar momentos de la vida -lindos o adversos- y a plantearse contar mejores historias, tan necesarias para el público.

La muchacha de Radio Bayamo seguramente recordó los días en que era gimnasta y solista o el fallido intento de estudiar Lengua Alemana, quizás alentada por su nombre. Hoy vive contenta de haber puesto su voz y su mente en función del periodismo.

Tal vez la chica de la televisión evocó la época en que mereció ir a un Congreso nacional de pioneros y habló de manera encendida en una tribuna abierta o la ocasión en que una tos continúa la fustigó mientras hablaba en vivo ante las cámaras.

Posiblemente a la joven de La Demajagua le pasaron por la cabeza algunos golpes o sinsabores del pretérito, o su primera jornada en el periódico, donde llegó asustada y ha aprendido un mundo sobre reportajes y entrevistas.

Las tres hablan de superarse más, seguir aprendiendo las nuevas maneras de hacer periodismo y nutrirse de la sabiduría de los profesionales a los que dirigen.

Las tres sueñan y sonríen, aunque saben que la aventura reporteril trae más de una amargura y que, por otro lado,  no se ha acabado la batalla contra el virus. Son optimistas respecto al futuro. Son tres verdaderas reporteras por la vida.

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