Reseña de un amor vehemente

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 10 agosto, 2015 |
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Con una flor saluda Félix Pedro Guillén sus mañanas en el parque ecológico Rosa Elena Simeón / FOTO Rafael Martínez

Quienes conocen a Félix Pedro Guillén aseguran que le distingue un profundo amor por la naturaleza, en especial por la flora, por la que manifiesta una evidente obsesión. Lo otro es que si le prometes algo, no descansa hasta hacértelo cumplir.

Los años no mellaron el espíritu trabajador y optimista de este hombre, reportero del periódico Mural, La Demajagua y la emisora de Manzanillo, que dice sentir todavía sobre su espalda, los latigazos del pasado.

“Era campesino. Mi padre vivía en el Congo, Manzanillo. Se llamaba Pedro igual que yo. Mis tíos tenían tierra en Cienaguilla (pueblo de Campechuela a 351 metros de altitud sobre el nivel del mar), allí sembraban café. Yo me mudé pá la Sierra y allí me acabé de criar. Cogí la fuerza que tengo en la agricultura, cultivando y sembrando caña.”

Por eso es comprensible que ni la más moderna tecnología despierte en él tanto asombro como
el acto de cultivar una planta, pues asegura que no solo da frutos, sino vida a todo cuanto la rodea.

Guillén exhala gratitud por los poros. Las palabras le son insuficientes para expresar cuánto debe a la Revolución.

“Antes de 1959 mi familia para vivir tenía que hacer carbón y otras faenas para comprarme ropa, zapatos y alimentarme.

“Yo padezco de estas cosas -dice señalando los oídos y la vista, afectada por estrabismo- porque en el pasado no tenía condiciones para atenderme a tiempo.

“Aunque en la actualidad continúo con estas limitaciones, me siento orgulloso de esta Revolución. Dando yo la vida, fíjese, no pago lo que han hecho por mí.”

En Guillén, esto de “dar la vida”, no son meras palabras, sino hechos. Baste recordar que es delegado a la asamblea municipal del Poder Popular, e Hijo Ilustre de Campechuela, y que transformó un micro vertedero en un área socialmente útil, el parque ecológico Rosa Elena Simeón Negrín, ubicado en la comunidad Marcial Jiménez, de su municipio.

Dicho parque atesora 128 especies de plantas entre maderables, medicinales, ornamentales y frutales. La suma de estas especies supera las 700. Algunas tienen más de un ejemplar; otras se consideran escasas, están incluidas en distintas categorías de amenaza, y muchas, aparecen citadas en la referencia que de la flora cubana hace el Apóstol en su Diario de campaña. Allí cada tronco narra una historia.

“Al menos, los primeros secretarios de esta provincia tienen un árbol sembrado”, expone mientras señala con su dedo índice una Yarúa, cultivada por Sonia Virgen Pérez Mojena, primera secretaria del Partido en Granma; el único Caguairán existente, plantado por Lázaro Expósito Canto, y una palma real sembrada hace cinco años por trabajadores del periódico La Demajagua, próxima a dar frutos.

La comunidad Marcial Jiménez, protectora del medio ambiente, tiene una población de tres mil 227 árboles maderables y frutales. Fue galardonada este 2015 con el Premio Provincial de Medio Ambiente, Nacional de Barrio, la Condición de Referencia Nacional en la agricultura urbana, al igual que su finca de frutales, con 100 especies sembradas, prevista para entregarle la triple corona de excelencia.

Félix Pedro Guillén, quien no cesa de generar ideas, ahora tiene entre ceja y ceja refrigerar un área para propagar el melocotón. Aunque no es oriundo de Cuba, él quiere demostrar que puede gozarse. ¡Y quién le dice que no!

Guillén no solo se nutre de su experiencia como campesino y hombre amañado en la tierra, también estudia y aplica ciencia y técnica para abaratar los costos y no descomponer los suelos.

La nobleza que lleva en su corazón, la pasión irrenunciable porque las plantas se gocen, porque la naturaleza arribe, y por fomentar una cultura ecológica en las nuevas generaciones de su comunidad, pesan más que las numerosas condecoraciones recibidas.

Como los hombres de bien, si Félix Pedro Guillén tuviera que dedicar un último pensamiento a alguien o a algo, lo dedicaría a su terruño, de cuyo amor emana una única petición: “Que mis cenizas las esparzan por los predios del parque ecológico, donde he echado mis raíces, para que los árboles sientan que aun después de muerto, los sigo cuidando.”

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