Revolución y canto patrio en la misma fragua

Share Button
Por | 18 octubre, 2021 |
0
FOTO/ Rafael Martínez Arias

Hay una visión entrañable para los bayameses y todos los cubanos: el momento en que Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional, escribiera finalmente la letra de la marcha patriótica compuesta por él hacía más de un año, en medio de la apoteosis popular de la toma de su heroica ciudad por el Ejército Libertador, comandado por Carlos Manuel de Céspedes.

   Era el 20 de octubre de 1868 y apenas habían transcurrido 10 días desde que el patricio bayamés diera la libertad de sus esclavos e iniciara la primera guerra emancipadora en su ingenio azucarero Demajagua, situado a 13 kilómetros de la ciudad de Manzanillo.
   A 153 años de tan magnos acontecimientos, la historia sigue afirmando que, en Cuba, Revolución y canto patrio, en fin,  Revolución y cultura, también identidad nacional, nacieron en la misma fragua del proceso de evolución social que cristalizó en el nacimiento del pueblo y nación que la habita.
   Siempre es inefable al cubano rememorar el momento del acabado o arte final del canto de combate, convertido a principios del siglo XX de manera oficial, en el Himno Nacional de todos.
    Y adentrarse en esa imagen sublime posibilita conocer, además, que su creación no fue cosa de un momento inspirador irrepetible, sino parte de acontecimientos reales vinculados a la forja del país y lo cubano.
   Pedro Figueredo –aquel Perucho de su pueblo- había compuesto la música de la marcha guerrera, a la que sus compañeros de brega llamaron La bayamesa, en similitud con el canto libertario La marsellesa, la noche del 13 de agosto de 1867.
  La pieza musical nació en su casa, donde minutos antes se había celebrado la reunión constitutiva de la Junta Revolucionaria de Bayamo, presidida por Francisco Vicente Aguilera y de la cual formaban parte además de él, Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Maceo Osorio.
    El asunto no quedó ahí, en el contrapunteo levantisco de la música. Meses más tarde, el autor se la llevó a un amigo, el maestro Manuel Muñoz, para que la orquestara y presentara dentro del programa de la festividad religiosa del Corpus Christi, el 11 de junio de 1868.
     Sin dudas, fue un acto osado y hasta desafiante presentar la marcha, con su exultante música guerrera, que se realizó nada menos que en la Iglesia Parroquial Mayor de San Salvador de Bayamo, en las narices de la máxima autoridad española en la región, a quien lógicamente aquello no le sentó nada bien, pues no era tonto.
   Luego de un incidente de palabras entre autoridad y autor, todo pareció quedar sin consecuencias inmediatas, en un clima tenso y expectante.
   Pero siguieron soplando cada vez más fuerte los vientos de la Revolución hasta desembocar, como se sabe, en el 10 de octubre o Grito de Yara.
   La música compuesta por Perucho pronto fue bastante conocida en las esquinas y calles de la conspiración revolucionaria, de la cual era foco fuerte la ciudad oriental de Bayamo y sus contornos.
    Volviendo al 20 de octubre, en el cual dicen que sin desmontarse de su cabalgadura, en plena plaza principal, Perucho fue escribiendo  al paso del corcel cada línea de las seis estrofas iniciales del himno, bajo la aclamación de la muchedumbre jubilosa.
   El pueblo coreaba y cantaba, y a los pocos días era sumamente conocido entre los bayameses que habían declarado a su ciudad como capital de la República en Armas. Y pronto se extendió a otras regiones de la isla.
   Es tan bella esa memoria que diríase hay licencia para que la objetividad inherente a los hechos históricos poco importe hoy a los partidarios de esa  esa  leyenda, que no debe morir, sea cierta o no, lo cual no se puede probar hoy día con los testimonios documentales que existen.
   Sí está comprobada la autoría del insigne patriota Perucho Figueredo, uno de los primeros jefes del Ejército Libertador,  muerto por fusilamiento en 1871, y todos los acontecimientos históricos alrededor del nacimiento del Himno.
   Figueredo fue un joven abogado y patricio natural de esos predios,  perteneciente a la clase pudiente, que junto a otros amigos ya se sentían identificados con la tierra que los viera nacer, eran librepensadores y amantes de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre todas las personas.
   No sólo veían en el colonialismo y la esclavitud el freno económico y caduco de aquellos tiempos.  En ellos crecía el sentimiento de la identidad nacional, que allí se fraguaba con hervores acelerados por los acontecimientos de su tiempo. Al morir, lo hizo como un cubano digno y corajudo, frente al ultraje y las balas.
   Debido a la imbricación profunda con el destino de la nación, nada más justo y enaltecedor que el 20 de Octubre fuera declarado Día de la Cultura Nacional en el último cuarto del pasado siglo.
    El Himno forma parte, junto a la bandera de la estrella solitaria y el escudo de la palma real, de la trilogía de los símbolos más sagrados de la Patria. Su nacimiento es fiesta, historia y patrimonio nacional.
   Por un tiempo estuvo perdida la partitura original, por lo cual, tanto texto como melodía sufrieron algunos cambios incluso desde tiempos iniciales.
    De las seis estrofas originales se suprimieron las dos que mencionaban a España, porque el canto patrio de una nación no debe incluir referencias a otra, según la costumbre en ese tipo de composición.
    Luego de ser encontrada la partitura y texto originales, en 1983 el destacado musicólogo e investigador Odilio Urfé dio por terminada una acuciosa investigación que propuso la armonización actual del canto. Se siguió utilizando el texto de cuatro estrofas que fuera el publicado por José Martí en el periódico Patria antes de iniciar la Guerra Necesaria del 95.
   Alentador en toda la extensión de la palabra, en tiempos actuales cada cubano no debe perder la oportunidad de cantarlo, afinado o no. Aun cuando la grabación tenga el coro, cantarlo siempre ensancha el alma y remonta el coraje. Es un acto patriótico y una fe de vida que no nos puede faltar. (Por Martha Gómez Ferrals, ACN)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *