Secretos dulces de un maestro

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Por Leslie Anlly Estrada Guilarte | 12 julio, 2017 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

José Antonio Sánchez Matamoro sabe de los secretos de la repostería y el amor por la enseñanza. La curiosidad por esta actividad le llegó desde joven, y siguió sus deseos de aprender, y más, se convirtió en  maestro de quienes, como él, también se inclinan por este oficio.

“Un día me acerqué a un maestro y le dije que quería ser especialista, me contestó que si tenía interés era posible, me dio un manual, después un formulario básico nacional, me preparé y me gustó.

“Vi una diferencia entre la elaboración del pan y el dulce, el primer alimento era más complejo en aquellos tiempos por la tecnología, las condiciones de las materias primas, y me dediqué más a la producción de dulces”, dijo este hombre que comparte sus conocimientos con alumnos de la Escuela de Oficios de Bayamo.

Matamoros, quien es miembro de la Asociación de Culinaria de Granma, considera que para este quehacer se necesitan cualidades y aptitudes ante la vida y el trabajo.

“Las personas dedicadas a esta labor deben ser serias, responsables y disciplinadas. También el amor por lo que hacen es importante, unido al aprendizaje de las normas técnicas y el cumplimiento de los parámetros establecidos.

“No todo es maravilla, en ocasiones, las materias primas no posee la máxima calidad, y ahí es cuando hay que aplicar la experiencia para buscar alternativas y ofrecer un producto de excelencia a la población”, explicó.

“Muchos culpan a la materia prima para justificar lo mal hecho, para mí, la preocupación de la persona, la valoración de los recursos con los que cuenta resulta  esencial y uno de los secretos para lograr un buen producto.

“Si hoy no salen bien las producciones, mañana se realizan de manera diferente, se buscan iniciativas, se debe tener en cuenta las condiciones de las materias primas, pero también para elaborar pan, por ejemplo,  se deben respetar los tiempos, la fermentación, la dilatación…

“Hay que contar, pesar, medir, no puedes echar un puñado de algo, las fórmulas tienen su medida y muchas veces, hasta el agua paga el mal procedimiento”.

Sobre los dulces que se expenden en la unidad El Siglo, (ahora en reparación) ubicada en el paseo bayamés, José Antonio valora que tienen buena aceptación y calidad,  gracias a la responsabilidad de quienes allí elaboran diferentes variedades del alimento.

La juventud se inclina por este oficio, manifiesta este dulcero, quien enfatizó en que el arte y la satisfacción se alcanza cuando quienes degustan sus elaboraciones lo hacen con placer, por la exquisitez del producto.

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