Seguimos en los tiempos del Che (+video)

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 12 junio, 2020 |
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¡Hasta la victoria, siempre! es el llamado de combate de Ernesto Guevara de la Serna, el Che, que hoy sigue resonando con plena vigencia en tierras de la América Nuestra, e incluso del planeta, a 92 años de su nacimiento el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina.


A través de formas de lucha diferentes, el mítico Guerrillero Heroico, asesinado el nueve de octubre de 1967 en la Quebrada del Yuro, Bolivia, cuando combatía por la liberación del hermano pueblo, vive en la continuidad de los anhelos por la justicia social y la  libertad.
También, en los que defienden la soberanía y autodeterminación de pueblos y naciones, se pronuncian contra las guerras, la violencia, los brutales cercos y bloqueos económicos, el injerencismo imperial y el terrorismo, entre otros males.

En medio de la pandemia global de la devastadora COVID-19, que castiga a la humanidad de manera creciente y hasta incontrolable en muchos lugares del mundo, el pensamiento lúcido y directo del Che sigue apuntando certeramente hacia el origen de las desgracias evitables, hoy multiplicadas en espiral: la crueldad y falta de solidaridad y humanismo de las sociedades de consumo, donde la vida de las personas vale poco o nada, y lo que importa es el bolsillo de los millonarios.

Cuando más se necesitan la colaboración, la unidad y la solidaridad mundial en el enfrentamiento de la pandemia, más cercos, guerras y campañas desacreditadoras despliegan las potencias y la gran prensa, cuando no el silencio cómplice, ante la verdad inobjetable y la razón.

Los cubanos recuerdan al Che Guevara en este junio y siempre con la obra de las  brigadas médicas internacionalistas del Contingente Henry Reeve que han trabajado y aún lo hacen salvando vidas, de manera entregada y modesta, en varios lugares del mundo donde han sido necesarias, y su aporte reconocido como valioso y muy estimable.

El “Seremos como el Che” que muchas veces proclamaron en su etapa escolar, está en las mentes y los corazones de los internacionalistas de la nación, en la medicina ahora, y en cualquier frente, como también ha sido.

Ernesto Guevara enlazó su destino con Cuba con la causa de los oprimidos del mundo, de manera más visible, cuando se incorporó a la expedición organizada en tierras mexicanas por el joven líder Fidel Castro, llegada a la nación el dos de diciembre de 1956 para combatir por la libertad en las montañas orientales.

Se dice “de manera más visible” porque desde su niñez y luego en su adolescencia y juventud, en su tierra natal, ya mostraba evidencias de cuál sería su derrotero, a favor de las causas políticas más nobles.

Ernestito era un niño sensitivo, preocupado por el bienestar de los compañeros y personas más humildes que lo rodeaban. Fue un chico inquieto, amante del conocimiento, de los deportes, muy sociable, que cultivó desde muy temprano la fuerza de voluntad y la disciplina, al luchar para no dejarse vencer por el padecimiento que castigaba su infancia, el asma bronquial.

Sus padres, Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, fueron decisivos en su formación cívica y moral, y otros valores acendrados.

Muy joven, aun sin haberse graduado como médico, realizó un viaje memorable y aleccionador por varios países del cono sur americano, en compañía de su amigo Alberto Granados.

El periplo, realizado audazmente en motocicleta sorteando difíciles condiciones, le permitió conocer de primera mano la situación de los humanos más desposeídos del continente, explotados de manera inmisericorde y apenas sin medios de subsistencia.

En la peor situación, constató, estaban los descendientes de los pueblos aborígenes originarios, cuyos ancestros en muchos casos fundaron imperios e importantes culturas.
Su encuentro con los cubanos, y sobre todo con Fidel en Ciudad de México, ya convertido en profesional de la medicina, dio otro vuelco decisivo a su vida y marcó el inicio de una etapa que lo condujo a un camino de amor y de entrega invaluable, de uno y otro lado, con el pueblo del archipiélago antillano.

En 1957 ganó las estrellas de Comandante del Ejército Rebelde, en el cual dirigió combates importantes, se distinguió como soldado, estratega y jefe, al tiempo que brindaba atención médica a los combatientes.

A su mando, la insurrección dio uno de los golpes de gracia más importantes a la tiranía de Batista: la Batalla de Santa Clara, a fines de 1958, de gran peso en la victoria final.

Después del Primero de Enero, el Che desempeñó cargos relevantes al frente de los sectores de Industrias y Bancarios. Estudió, trabajó incansablemente, promovió el fomento de la rama productiva nacional, consciente del papel de la eficiencia económica en el bienestar del pueblo y en la soberanía.

Sus esfuerzos abarcaron la formación de personas con una conciencia nueva, solidaria y altruista, humanos, sencillos, modestos y también ilustrados, ansiosos del saber.

El mismo cumplió horarios estrictos de estudio y superación en el centro de sus agotadoras jornadas de trabajo. Dar el ejemplo, formar desde una integridad moral sin tacha, era esencial en su personalidad.

Pero la impronta y lecciones que nos aporta todavía el Che Guevara no se pueden resumir en estas líneas, ni siquiera en  libros. Hay que contar con él para casi todo, sobre todo el que quiere ser un revolucionario consecuente y cabal.

No hay que anonadarse con su grandeza extraordinaria y el mito de los imposibles. Basta acercarse, primero, al hombre de carne y hueso que fue, sus acciones, las ideas que puso en práctica, muy actuales, sus concepciones antiimperialistas, también vigentes…Por ese camino se sigue andando junto al Che.

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