Sin ambiciones de poder

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Por Yelandi Milanés Guardia | 23 abril, 2019 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Cuántas obsesiones, delirios y sentimientos ocultos  despierta el poder. No en balde el expresidente norteamericano Abraham Lincoln decía: “Si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder”.

Pero no a todos el empoderamiento los ciega y atrae como un imán, porque hay quienes creen que sentarse en cualquier trono de la vida no es nada significativo ni eterno, pero quienes piensan así valoran más las virtudes, los sentimientos y a sus semejantes, que el dominio sobre recursos y hombres.

De esa estirpe era Carlos Manuel de Céspedes, quien aunque algunos lo hayan juzgado como un dictador o febril anhelante de autoridad, demostró con hechos y acciones que era todo lo contrario.

Qué ambición de cargos y pertenencias pudo tener quien poseyendo a esclavos los liberó y sacrificó su fortuna en favor de la libertad, porque de seguro pensaba como su coterráneo Francisco Vicente Aguilera, que nada tenía mientras no tuviera Patria.

Y CÉSPEDES TUVO LA DECISIÓN

Uno de los cuestionamientos realizados al ilustre bayamés era que inició las luchas independentistas y se puso al frente del movimiento emancipador, sin presidir el Comité Revolucionario creado en Bayamo para tales fines, pero fueron los imperativos de ese contexto histórico los que lo llevaron a tomar la iniciativa.

Bien justificado está ese proceder según la visión de Fidel: “Céspedes no les dio tiempo a las autoridades, no les permitió a aquellos tomar la iniciativa e inmediatamente cursó las instrucciones correspondientes. … Céspedes tuvo la clara idea de que el alzamiento no podía esperar demasiado ni podía arriesgarse a correr el largo trámite de una organización perfecta, de un ejército armado, de grandes cantidades de armas para iniciar la lucha, porque en las condiciones de nuestro país, en aquellos instantes, resultaba sumamente difícil. Y Céspedes tuvo la decisión”.

Sin embargo, luego del alzamiento del 10 de octubre de 1868 ningún miembro del Comité Revolucionario cuestionó puestos ni liderazgo, y todos siguieron a Carlos Manuel hasta el final de sus días, demostrando que reconocían en él al hombre indicado para conducir la guerra.

Cuando se libera Bayamo, el Padre de la Patria adopta el título de capitán general, lo cual fue muy discutido, mas así se proclama porque era el título reconocido y respetado por los cubanos. Ningún delirio de grandeza había detrás de aquella proclamación.

LAS TRISTEZAS QUE TRAJO GUÁIMARO

Aunque unos lo despreciaran y quisieran despojar de todo poder, su protagonismo y simbolismo en la lucha era innegable, por ello en la Asamblea de Guáimaro lo eligen presidente de la República en Armas y asume una posición que contrario a su pensar le traería más tristezas que alegrías.

Después de su investidura rápidamente se incrementaron los críticos y adversarios, quienes le cuestionaban cada paso y decisión de su gobierno.

Mas quien podrá omitir los desaciertos en que necesariamente toda labor gubernamental puede incurrir, pero suele ser esa la excusa predilecta o el error real  en el cual caen habitual y voluntariamente quienes miran las revoluciones lejos del campo de batalla, donde no llegan las salpicaduras del lodo y de la sangre.

No fue este el caso de algunos cercanos al Padre de la Patria, pero en su mayoría los caracterizaba la visión limitada de solo observar lo inmediato. No apreciaban en su justa medida los valores del hombre símbolo, no vieron a la Patria como parte de una realidad continental y universal. Considerables fueron héroes de patria chica, solo así podemos interpretar lo irreflexivo de su sus actos.

En la guerra del 68 muchos no comprendieron que la República en Armas necesitaba un presidente, pero la revolución un líder, y en Céspedes se hallaban unidas estas dos condiciones.

Martí decía: “El creía que la autoridad no debía estar dividida, que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos. Él tenía un fin rápido, único, la independencia de la Patria”.

ALINEADOS A SU PENSAMIENTO

A pesar de sus detractores no faltaron quienes en las posteriores luchas se identificaron con sus métodos y pensamiento.

Por eso en una carta de Máximo Gómez fechada el 8 de diciembre de 1895 a Tomás Estrada Palma, expone diáfanamente la idea central del principio de autoridad en la prosecución de la conflagración, coincidiendo y justificando indirectamente el proceder del primer presidente de la República de Cuba en Armas.

“… Los cubanos no buscamos, no queremos tener primero, más que honor, Patria y libertad. Todo lo demás llega obligado y grande después de todo aquello. Lo que se necesita es triunfar, y los medios más eficaces y más resueltos, aunque parezcan duros, para llegar hasta allí, siempre serán los mejores, los más decorosos y aplaudidos.

“Lo malo, lo desgraciado, lo deshonroso es no triunfar- y lo malo, lo cruel y torpe, es dilatar el triunfo. Eso es no amar al país. Siempre se ha pensado que no se debe ser sanguinario, pero sí revolucionario radical…”.

Más elocuentes no podían ser estas palabras del Generalísimo para demostrar su identificación con las ideas del mártir de San Lorenzo.

LOS PESARES DE UN REINADO

Los cuatro años y seis meses de su mandato fueron más que un reinado un continuo pesar, porque no se le comprendía muchas veces y hasta se le comparaba erróneamente con un César, cuestión que laceraba el corazón de uno de los hombres más puros y abnegados de nuestra historia.

Existen ejemplos para demostrar que el poder no le hacía creerse superior a los demás y ello se evidencia  en una anécdota muy interesante narrada por él, acaecida cuando asiste a un festejo y una liberta llamada Bríjida le dice en su jerga un tanto doliente: “Presidente,… hágame el favor de salir a oírme una palabra”. Yo salí muy risueño con su ocurrencia, cuando ella tomándome las manos, me dijo: “Mi Presidente, mi amo…” “Hija, le contesté: “Yo no soy tu amo, sino tu amigo, tu hermano…”

Mas aunque el pueblo lo quería, parecía que sus adversarios detestaban su figura y estaban empeñados y confabulados para arrebatarle lo que ellos tanto anhelaban, el mando, por eso en su diario anota el martes 9 de septiembre de 1873.

“Se marcharon el Marqués y Machado. Dícese que aquí estuvieron induciendo a Barreto para que no siguiera en la Secretaria de la Guerra y a mis amigos para que me aconsejasen que renunciara a la Presidencia; porque nadie me quería en Cuba. ¡Ay, pobre de mí! ¡Y yo que a todos los quiero!

Otra de las bajezas que contra él cometieron la describe en su diario días después de su deposición: “Los diputados están haciendo hoy los discursos que pronunciaron el día de mi deposición para mandarlos a imprimir en el extranjero (…) Omito comentarios. Veo en todo un sistema inquisitorial. ¡Qué bien se portan los demócratas!

Era tanto el dolor y los sinsabores acumulados que unos días antes de su muerte escribe en su diario “En cuanto a mí, soy una sombra que vaga pesarosa en las tinieblas”.

Sin embargo, el pasaje más elocuente de su desprecio al poder está esbozado en unas anotaciones en las que dice: “En cuanto a mi solo diré que estreché la mano del que me trajo la deposición, diciéndole: “¡Gracias amigo mío, me ha traído usted mi libertad!”.

Nada más ilustrativo que para él la presidencia se había convertido en un yugo o una pesada cruz. Tanto que sacrificó, según palabras de Martí, lo que nadie domina, su carácter.

NINGÚN TÍTULO TE ASOMBRE

Al aceptar su deposición demuestra que supo descender cuando un pequeño grupo de cobardes lo destituye, contrario a la opinión popular y de varios oficiales del Ejército libertador, quienes le proponen recuperar por las armas su cargo.

Mas otra vez en su vida se muestra magnánimo y noble, pues rápidamente expresa que por él no se derramará sangre en Cuba.

Lamentablemente su etapa pos presidencial fue un calvario, por el tratamiento humillante que le dio la Cámara de Representantes y el nuevo presidente Salvador Cisneros Betancourt.

Pero tal parece que su sucesor posteriormente se dio cuenta de su error, y no solo lo demostró cuando visitó la tumba de Céspedes en Santiago de Cuba, sino que en el panteón familiar de los marqueses de Santa Lucía, quedó esculpida un frase que es una gran lección para aquellos delirantes de poder y honores: “Mortal, ningún título te asombre. Polvo eres. Polvo, cualquier otro hombre”.

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  1. Realmente la frase que aparece en el panteón familiar de los marquéses de Santa Lucía es: MORTAL NINGÚN TÍTULO TE ASOMBRE.POLVO Y SÓLO POLVO CUALQUIER HOMBRE.