Sin soltar las riendas

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Por Yudelkis de la Hera Jeréz. | 11 marzo, 2020 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Más allá de alimentarlos o proveerlos de juguetes, ropa, zapatos y otras necesidades o caprichos, la atención a los menores de edad es un aspecto de vital importancia para la sociedad.

La Revolución Cubana ha diseñado un sistema de protección a niños y niñas que incluye leyes, programas educativos e instituciones.

Además de un ejército de profesionales preparados en este sentido. Sin embargo la influencia familiar continúa siendo un eslabón esencial en la atención y cuidado de los infantes.

En la actualidad muchos padres tienden a soltar un poco las riendas a medida que van creciendo sus hijos, y por  premuras profesionales o los avatares propios de la cotidianidad permiten que menores de edad transiten solos en bicicleta o a pie por la vía pública camino a la escuela u otro sitio sin la supervisión de un adulto confiable.

Los niños y las niñas son duendes inquietos y ocurrentes  cuya imaginación e inocencia le impiden  apreciar las consecuencias de sus acciones, travesuras que hacen muchas veces imitando personajes de la televisión o los videojuegos.

La vida del ser humano cambia de manera significativa con la llegada de los hijos, fuente de alegría, emociones y preocupaciones. Ser padre o madre es un instante sublime de felicidad infinita, a partir del cual esa o esas personitas se convierten en el centro de nuestro mundo.

No importa cuan apretada o compleja sea nuestra agenda de trabajo, ellos y ellas son prioridad permanente a tener en cuenta, y aun cuando sean adultos continuarán necesitando de sus progenitores.

Para los infantes no existe la maldad ni los peligros. Ese ímpetu infantil que busca siempre aventura no conoce las consecuencias negativas de la electricidad, el fuego, los accidentes de tránsito , ni la ingestión de bebidas alcohólicas, medicamentos o productos químicos. Tampoco saben del peligro que representan los objetos punzantes o las herramientas de trabajo dejadas a su alcance.

Es por ello que los padres y madres no podemos perderlos de vista ni confiarnos. Saber qué hace, con quien se reúne o qué  le preocupa es un elemento importante. Poner asunto a lo que ve en la televisión,  guarda en el celular, el tablet o la computadora es tarea de cada día. Observar su modo de comportarse y escuchar sus historias diarias deben formar parte de nuestra agenda.

Es necesario detener un momento la prisa cotidiana y organizar nuestras labores de manera tal que la atención a los menores de edad no falte. Edifiquemos  un espacio seguro para los príncipes y princesas de casa. Porque siempre es mejor prevenir que lamentar.

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