Singularidad femenina

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Por Soldania Laurencio | 9 marzo, 2021 |
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FOTO/ Sol Laurencio (Educación Granma)

Alegre, refunfuñona, humana, solidaria, múltiples son las cualidades que describen a
esta mujer que tiene en sus manos, literalmente, enorme responsabilidad en esta difícil
carrera contra la Covid-19.

Su natal Buey Arriba la vio partir un día hacia Río Cauto, en donde laboró como
cocinera para una brigada de la empresa forestal. Como su niña se enfermaba decidió
abandonar ése trabajo y cuando tuvo la oportunidad de estar en Bayamo se reintegró a
la vida laboral, un curso escolar en la Secundaria Básica 30 aniversario y luego en la
Dirección Provincial de Educación.

Desde este último puesto y después de haber sido auxiliar general, fue convocada un
día por la entonces directora provincial para fungir como pantrista. Servir a cuatro
dirigentes a ese nivel ha entrañado y entraña grandes compromisos, analizo al tiempo
que le pregunto si se ha detenido a pensar en eso y qué significa para ella saber que
en sus manos, a partir de tantas vajillas que deben ser correctamente higienizadas,
también está la vida de las personas.

“Una gran responsabilidad. Amo mi trabajo y trato de hacerlo bien” Y así es. Su entrega
le valió ser reconocida con la Distinción por la Educación Cubana. Es humilde y toma
los elogios o premios con naturalidad, por lo que de esto apenas habla. Años de
levantarse bien temprano para cumplir con los quehaceres del hogar y con el ajetreo
que demandan los grandes eventos, la han hecho merecedora además del cariño y el
respeto de sus compañeros.

Es organizada y le gusta que vasos, platillos, tazas, jarras, brillen. Celosa de su labor,
conoce los gustos particulares de prácticamente todos sus compañeros, quién prefiere
te o café, quién gusta más de lo dulce que de lo salado, demostrando pericia en lo que
hace.

Como su premisa es la limpieza en todo momento, no ha representado para ella
sacrificio alguno estar a tono con lo que este tiempo pandémico demanda. Refuerza los
cuidados, se mantiene alerta. A regañadientes me contesta una última pregunta, ¿qué
significa para ti trabajar aquí? Sin vacilar, responde “un orgullo”.

Cincuenta y ocho años de vida, de ellos, veintiséis con los educadores, me traen a la
mente a Gardel y su famoso tango “sentir que es un soplo la vida, que veinte años no
es nada”, veinte puede que no, me digo, pero veintiséis sí. Sonríe, baja la cabeza. “Ya muchacha, apaga eso”. Sonrío también, valiosísimas mujeres cubanas, granmenses, bien merecen este ocho de marzo la felicitación, Juana Tomasa Castillo Sánchez o simplemente Juanita, es una de ellas. Tengo suerte de conocerla. Felicidades.

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