Sochi a lo cubano

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Por Juventud Rebelde | 17 octubre, 2017 |
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SOCHI, Rusia.— ¿Qué estrategia adoptar, qué alianzas son imprescindibles, qué camino será el más apropiado? Estas y otras interrogantes ocupan el primer plano, mientras se discute con entusiasmo y profundidad acerca de la necesidad de prefigurar la actuación que promueva el cambio hacia relaciones humanas consecuentes con su preservación.

Ese es el principal latido que mueve a los delegados cubanos en el 19no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, quienes rehúyen al lamento o a la sola denuncia de las asimetrías que estimulan las concentraciones del capital o de las polarizaciones que provoca la decadencia de los servicios sociales, la indefensión del trabajo y el desenfreno de las privatizaciones.

Los nuestros traen el mensaje nacido de la experiencia de su Patria, prueba viviente de la herejía y la resistencia frente a las exigencias de la ideología dominante en el contexto actual; movidos, además, por la práctica de dos de los grandes hombres universales a quienes está dedicada esta cita: Fidel y el Che, revolucionarios que consideraban una anomalía una juventud que no creara y que además de su entusiasmo y energía admiraron en ella su capacidad, su responsabilidad, su pureza, heroísmo, carácter y voluntad.

Los de Cuba han tomado la palabra con humildad y con la verdad en la mano, con el tiempo como testigo y con un instrumento político de primer orden: las reservas morales y culturales que han sabido acumular el pueblo y sus líderes, en la defensa de un proyecto de bienestar, soberano y de justicia social enfrentado a un enemigo desproporcionadamente superior.

En este entorno de confluencias, no somos la voz atrincherada o altisonante, sino la Revolución compartida por las voces y rostros de sus jóvenes, en la edad en que nuestros grandes hombres decidieron echar su suerte con los pobres de la tierra. Por ello se abordan sus avances y desafíos con propiedad, cercanía y honestidad…, porque quienes lo hacen no pertenecen a un grupo de privilegiados que provienen de las familias con los bolsillos más abultados para llegar hasta esta plaza, sino los que su gente reconoce por su ejemplaridad, inteligencia, dedicación, sensibilidad, integralidad y constancia.

Los que hoy despliegan sus avances desde Sochi, son los mismos hijos del período especial, a los que les ha tocado vivir eventos de aguda crisis ante la inexistencia de la URSS y la desaparición de los vínculos comerciales necesarios para sobrevivir, y los que han sufrido más descarnadamente el impacto del bloqueo por quienes apostaron y mantienen el diseño de un destino torcido que anule a Cuba socialista.

Los nuestros en Rusia sostienen con vehemencia sus argumentos y viven con alegría estos días, aunque el frío a ratos castigue la piel que extraña las intensidades del trópico.

También rasgan con su mirada todas las singularidades de un paisaje custodiado por montañas que cortan con sus crestas de nieve las blancas nubes, gozan la sorprendente coincidencia de que el ómnibus que los traslade a la villa sea un P-16 y asumen con avidez cada aprendizaje que propicia el Festival. Aunque, eso sí, el descubrimiento de alguna novedad o abundancia del mundo desarrollado no los hace sentir inferiores, porque la naturaleza de nosotros los cubanos tiene anchas cuotas de dignidad y autoestima plantada. Todo lo contrario, hay muchas certezas que los afianzan, como la de saberse la segunda delegación más numerosa, obra de la voluntad política de un país que a pesar de las coyunturas dolorosamente huracanadas, no renunció a estar en una cita trascendente en la que Cuba debe hacerse ver desde el amor de los suyos.

Como una de las más genuinas singularidades de esta delegación que en su composición lleva la piel de la Isla de las palmas, se nos revela que lo sencillo es lo exacto. Dos Héroes de la República de Cuba, el general de brigada Arnaldo Tamayo y Fernando González; los doctores Jorge Berlanga y Jorge González, y los campeones Mijaín López y Omara Durand, entre otras valiosas personalidades que prestigian a la representación, no establecen distancias con los jóvenes y nos refuerzan la grandeza de un país donde lo extraordinario y la virtud se expresan llanamente, que es la forma más abarcadora y elocuente. Quizá Sochi, sin pretenderlo, también escruta las esencias de un pueblo.

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