Tengo más, tengo un amigo

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Por Darielis Calzada Alarcón (Estudiante) | 23 noviembre, 2020 |
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La amistad se da en distintas etapas de la vida, en diferentes grados de importancia y trascendencia. Nace cuando las personas encuentran inquietudes comunes y esta relación enriquece y complementa. Se comparten los buenos y malos momentos, e intercambian ideas y  sentimientos.

Puede tardar años descubrir un buen amigo o en pocos minutos nacer el afecto, que si es verdadero, perdura.

José Martí consideraba esta relación como necesaria para el desarrollo de cualquier tarea. Lo demostró durante toda su vida. Fue para él la amistad, una constante fuente de inspiración. En sus versos apreciamos el significado que tuvo cuando escribió: “Tiene el leopardo un abrigo /En su monte seco y pardo/ ­­Yo tengo más que el leopardo, / Porque tengo un buen amigo”.

El Apóstol compara esta conexión con el sentimiento más conocido en toda la historia: el amor. “La amistad es tan hermosa como el amor: es el amor mismo”. También expresó que “no se pueden hacer grandes cosas sin grandes amigos”; en este caso Fermín Valdés Domínguez, Serafín Sánchez y Manuel Mercado fueron los más privilegiados. Cada uno ocupó un lugar en la vida del Héroe Nacional cubano.

La amistad entre el espirituano Serafín Sánchez  y José Martí no fue solo por simpatías personales. Varios historiadores y periodistas aseguran que el Apóstol vio en el mayor general del Ejército Libertador cubano, el hombre que lo acercaría a los veteranos de las guerras pasadas. El primer encuentro entre ambos se produjo en New York, Estados Unidos, en julio de1891. Entonces, Martí calibró su grandeza de espíritu y su magnitud moral.

En una de sus cartas rimadas, dedicada a Serafín Sánchez, le cuenta el anhelo que sentía por ver a su patria libre del yugo colonial: De tanto ver padecer/Sin ver cómo consolar/ Y tanto amargo llorar/ Donde no lo dejo ver/ De tanto esperar en vano/ Con el corazón deshecho/ Que le vuelva el alma al pecho/ Al triste pueblo cubano.
Esta relación quedó sellada para siempre. Los momentos compartidos fueron inolvidables.

El 8 de febrero de 1875, nació otra profunda amistad que alimentada por la sinceridad y la lealtad, duró más de 20 años. Manuel Mercado, el amigo mexicano, fue significativo en la vida de Martí.

Gracias al género epistolar, apreciamos el cariño con que se trataban. Mediante más de 140 misivas, mantuvieron el afecto desde el primer encuentro.

En Nueva York, octubre de 1891, Martí, le afirmaba a Mercado en una ocasión: “Yo no conozco hombre alguno mejor que Ud., ni de mérito más cierto, aunque no sea pomposo, ni de generosidad más natural e infatigable, ni de mente y corazón más abierto a toda bondad y hermosura. Ud, a la escondida, salva honras, ampara caídos”.

En otra ocasión, con amables palabras se dirigió a su amigo: “Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación”, palabras de la famosa carta inconclusa que se convirtiera en el testamento político del Apóstol.

Pensó el Maestro en la amistad como un sentimiento que lo unía a otra persona indisolublemente, lo hacía compartir sus problemas más importantes y sus desvelos.

Uno de sus mejores amigos fue Fermín Valdés, ese hermano que le acompañó de pequeño y por quien sintió un profundo respeto. Compartieron el aula, las ideas, los deseos de luchar y hasta las rejas.

Fermín, uno de los 45 estudiantes encarcelados fue víctima de los dolorosos y terribles sucesos ocurridos en La Habana en noviembre de 1871, que culminaron con el fusilamiento de ocho estudiantes de medicina.

Martí, como buen amigo escribió entonces: “Lloren con nosotros todos los que sientan ¡Sufran con nosotros todos los que amén! ¡Póstrense de hinojos en la tierra, tiemblen de remordimiento, giman de pavor todos los que en aquel tremendo día ayudaron a matar!”, palabras finales del escrito que circuló en ese entonces por algunas calles de Madrid.

Publicaciones como el famoso periódico El Diablo Cojuelo, consolidan la relación de ambos. En un discurso pronunciado, el 24 de febrero de 1894, en honor a Fermín, el Héroe Nacional dijo: “la lealtad de los amigos, que es almohada cierta”.Martí encontró en Valdés Domínguez, un compañero de lucha fiel: “es ley hermosa de almas que el amigo ayude al amigo y comparta con él su pesadumbre”.

Para José Martí la amistad no solo fue ese sentir común con otra persona ni el afecto ni el cariño, fue amor puro, ese que atraviesa fronteras, que endulza el alma, ese amor que nunca dejó de cultivar y compartir a sus amigos, a su familia, a su patria querida.

“Si me preguntan cuál es la palabra más bella, diré que es patria: y si me preguntan por otra, casi tan bella como patria, diré amistad”.

Fuentes

José Martí.1891. Versos Sencillos XLIV

José Martí. Nueva York. 1884. Nuestra América III

José Martí. Cartas Rimadas. Carta a Serafín Sánchez

José Martí. 18 Mayo 1895. Carta a Manuel Mercado

José Martí. 24 febrero 1894. Discurso en honor a Fermín Valdés Domínguez

José Martí. 1875. Revista Universal, Escenas mexicanas.

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