Tesoro inigualable de conocimientos

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 7 junio, 2020 |
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IMAGEN/ Tomada del perfil Educación Bayamo

A mediados del siglo pasado el periodista César García Expósito tuvo la iniciativa de proponer celebrar cada siete de junio el Día del Bibliotecario Cubano en homenaje a Antonio Bachiller y Morales que nació este día pero del año 1812 y a quien se le reconoce como el primer bibliógrafo de Cuba.

José Martí, nuestro Héroe Nacional escribió en Nueva York el 24 de enero de 1889 en el Avisador Hispanoamericano  sobre Antonio Bachiller y Morales… “Americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo, abogado justo, maestro amable, literato diligente, era orgullo de Cuba Bachiller y Morales, y ornato de su raza. Pero más que por aquella laboriosidad pasmosa, clave y auxiliar de todas sus demás virtudes; más que por aquellos anaqueles de saber que hacían de su mente capaz, como una biblioteca alejandrina […], dejó su casa de mármol con sus fuentes y sus flores, y sus libros, y sin más caudal que su mujer, se vino a vivir con el honor, donde las miradas no saludan, y el sol no calienta a los viejos, y cae la nieve.”

La primera actividad de celebración masiva tuvo lugar en 1950, auspiciada por la Oficina del Historiador de La Habana con el apoyo de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales.

Años más tarde, en 1963, se crea el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas con las instituciones que existían en toda la geografía del territorio nacional, tanto en las ciudades y las montañas.

Son las  bibliotecas  un ente vivo, un lugar donde se atesoran conocimientos y saberes. Su esencia se fundamenta  en propiciar y orientar el uso de los libros y garantizar con su actividad la formación de hombres con alto grado de preparación con la ayuda precisa de los bibliotecarios que se consagran a conservar, investigar y promover la memoria de una sociedad en desarrollo.

Los bibliotecarios cubanos están empeñados en trabajar con desvelo para posibilitar el acceso de todo nuestro pueblo al conocimiento que en ellas se almacena.

Leer es vital en el proceso educativo y de crecimiento de las personas. Leer es soñar. Por eso resulta interesante  empezar su aprendizaje desde edades tempranas, un hábito que va a acompañar a las personas el resto de sus vidas. Por eso es interesante crecer rodeados de libros, y es que crecer rodeados de manuales aumenta los niveles de conocimientos de los jóvenes y de todas aquellas personas que se mantienen ávidas de sapiencias.

Las bibliotecas públicas son el soporte a la educación de los niños y jóvenes, el fomento del hábito de la lectura y el espacio idóneo para estudiar. Además, sirven para el disfrute de un tiempo de ocio y entretenimiento útil en la formación de quienes utilizan su espacio claro y apacible.

Son  una institución cultural de merecido prestigio por los servicios de información que brinda a los usuarios que pueden ocupar su tiempo libre ojeando un periódico nacional, deportivo, una revista para jóvenes, otra para niños, o leyendo manuales, o cualquier libro que enriquezca el caudal de conocimientos.

El primer centro bibliográfico de Cuba, es la Biblioteca Nacional José Martí, con sede en La Habana cuenta con un fondo de unos cuatro millones de documentos cubanos y extranjeros, incluidas diversas colecciones especiales.

En la Biblioteca Nacional José Martí se conservan cientos de miles de documentos, entre libros, publicaciones periódicas, manuscritos de relevantes autores cubanos, fotografías, entre otros muchos de incalculable valor patrimonial.

Las bibliotecas y los bibliotecarios dan la posibilidad de interactuar con la cultura, la ciencia, la historia y el arte que con amor resguarda e invita a que investigadores, profesores, estudiantes y lectores en general se relacionen con el universo cultural, científico y artístico, de cada territorio donde se encuentren enclavadas.

Los bibliotecarios cubanos llegan con el libro y la literatura,  a distantes zonas de la geografía cubana, llegue a ellos el reconocimiento por su noble empeño.

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