Testimoniante contra el coronavirus

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Por Luis Morales Blanco | 21 septiembre, 2021 |
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IMAGEN ILUSTRATIVA

Los argumentos de Carmen Marta son trascendentes para entender los traicioneros ataques de esta dolencia invisible que diezma poblaciones enteras en el mundo y ataca de formas a veces inexplicables.

“Todavía no me explico cómo pudo capturarme, si lo evité por todos los medios a mi alcance desde antes de ser declarado pandemia.

“Pero se nos coló por algún resquicio, desde allí golpeó, apaleó cruelmente con su larga vara de desastres, temores y sensibles ausencias y comprendí como nunca ese fragmento de la composición Quererse de lejos: “Hoy que la fiebre se asoma/con un puñal en los dientes, /y recorre continentes/ hablando su cruel idioma…”

Y he aquí un error común: como otras tantas personas, ella pensó que el virus no podría tocarla, pues ha ganado fama de exagerada entre familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo; en el propio hogar y de modo frecuente sorprendía a los suyos con citas y comentarios acerca de las medidas contra la Covid 19. ¿Cuál fue vulnerado? ¿Qué grieta se abrió para contagiar?

Sí, porque asombrosamente, la dama pertenece a ese ya amplio segmento poblacional que no come nada en la calle (compra para llevar) calienta hasta dulces, helados y caramelos para sus nietos y huye de la miscelánea vasijas-cubiertos-compartir un café.

Esto es para tener en cuenta, cada paso es aleccionador para que otros no sufran lo que ella: “Me cayó encima un agotamiento desmedido, me obligaba a interrumpir cualquier actividad por pausada que fuera. ¡La sabandija dijo: aquí estoy!”, repasa pesarosa.

“Parecía como si mis baterías sufrieran una descarga paulatina que el sábado 28 de agosto las puso en tan bajo porcentaje que parecía irreversible en la madrugada más dura y larga de mi vida”.

Un hecho contradictorio embotó sus sospechas, pues mantenía intactos gusto y olfato, y esto puede confundir al enfermo y sus familiares, pero cuando en la noche empezó a sentir los efectos de la deshidratación, bebió sales de rehidratación industriales y caseras, líquidos varios en pequeñas cantidades para no devolverlos, todo lo que evoca como a través de una neblina.

Ella habla con saltos en el tiempo y recuerda que ese viernes, en su centro de atención primaria, le indicaron test de antígeno (resultó negativo) y una placa de tórax demostrativa de una neumonía de base urgida de tratamiento hospitalario.

“Por eso, el domingo corrimos al hospital; en una sala transitoria para sospechosos, se me empezó a hacer de todo hasta ser confirmada positiva y pasar al recinto ferial Expo Granma, convertido en excelente hospital de campaña.

Antibióticos, esteroides, anticoagulantes, hicieron lo suyo; ella que siempre fue de los agradecidos, siente ahora aún más inmensa obligación por quienes se los indicaron y dosificaron, por el trabajo de médicos, enfermeros, personal paramédico y auxiliar, estos llevaban los alimentos hasta el mismo pie de la cama, mensajeros, operarios de fumigación, en fin, esa otra familia que ganó en aquellos días amargos.

“Siempre dediqué mis aplausos al personal sanitario, ahora lo sigo haciendo, cuando ya muchos olvidan que a las nueve es el homenaje.”

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