Tras las huellas de Aguilera

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Por Diana Iglesias Aguilar | 22 junio, 2020 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Para el Ingeniero cubano Sergio González Aguilera, descubrir en documentos e historias familiares, datos y elementos que ayuden a perfilar con mayor veracidad  la personalidad de Francisco Vicente Aguilera, constituye fuerte motivación para la incansable investigación a la que ha dedicado varios lustros de su existencia.
Y es que quien fuera Secretario de guerra nombrado por Carlos Manuel de Céspedes, en febrero de 1870 Vicepresidente de la República en armas y Lugarteniente General del Ejército Libertador, además de fundador del Comité Revolucionario de Bayamo, independentista y cubano a toda prueba, está en el árbol genealógico de González Aguilera e ir tras el legado patriótico y cívico, contituye un resorte para descubrir y aportar a la historia de Cuba. Dispuesto a compartir y divulgar dicho conocimiento, nos cuenta.

Francisco Vicente pertenece a una de las familias  que se asentó en Bayamo a finales del siglo XVII. Los primeros Aguilera en llegar a la segunda villa fueron  Don Lorenzo Aguilera y su esposa Ana Moret, oriundos de Islas Canarias.

Mientras que Don Antonio Maria Aguilera Tamayo y su esposa Juana Tamayo Infante eran primos, descendientes directos del Capitán Rodrigo Tamayo, uno de los acompañantes del Adelantado Diego Velázquez en la conquista de Cuba y en particular de la fundación de Bayamo, por lo que ambas familias Aguilera y Tamayo, de donde proviene el prócer, están ligadas a los orígenes de la urbe.

Francisco es un innegable fundador de la nación. En él convergieron,  como en los grandes hombres y mujeres de su generación, el sentimiento profundamente nacional, anticolonial e independentista, junto a un pensamiento adelantado en los órdenes social, económico, político y cultural.

Como hombre de pensamiento emancipado y emancipador, ve la necesidad de cultivar las artes junto al desarrollo y promueve la cultura local como fuente de expresión de un sentimiento que va forjando la nación.

Como los prohombres de la independencia cubana, hizo familia y tuvo intensa vida social. Apenas se conoce de su descendencia pero lo cierto es que al morir en Nueva York con 55 años, era un padre de doce hijos e hijas, a los que reconoció con su apellido paterno, aunque dos de ellos nacieron fuera del matrimonio reconocido con la santiaguera Ana Kindelán Griñán, con la que se casó el 8 de septiembre  de 1848 en la Parroquia Dolores de Santiago de Cuba y  tuvo 10 hijos: Caridad, Juana, Ana, María, Magdalena, Antonio, Francisco, Juan, Pedro y Eugenio. Pero antes del matrimonio, con la bayamesa Gertrudis Oliva procreó al primogénito Amado Aguilera Oliva, tatarabuelo de Sergio González y Eladio Aguilera fruto de amoríos con la manzanillera Emilia Rojas.

Sin embargo, como otras valerosas cubanas Ana Kindelán Griñán a pesar de su linaje español, descendiente de poderosos militares, fieles a la corona, ella siguió a su esposo a la manigua, padeciendo hambre, descalsa, en harapos, con diez hijos y dos nietos a cuesta, durante los primeros tres años de la guerra, hasta que pudo salir a Jamaica donde pasó no pocas penurias y logra unirse con Aguilera en 1873 cuando este sale de Cuba con destino Nueva York. Allá en la fría y ajena urbe, vivirán escaceses y padecerán dolores del cuerpo el alma, permaneciendo unidos, sin tocar un solo centavo de lo que reunen con destino Cuba.

Por qué renuncia Ana al poder y riqueza heredados de su familia? Por qué comparte con su esposo, heredero de la Capitanía de las Milicias Blancas Disciplinadas en Bayamo y Santiago de Cuba, la misma suerte a merced de las balas españolas, las enfermedades por vivir a la intemperie y la hambruna?

Muchas interrogantes quedan aún para historiadores y para Sergio González Aguilera, quién seguirá tras las huellas de ese gran hombre cuyas estatuas advierten al transeunte en el Retablo de los Héroes de Bayamo, o en la Plaza Dolores de Santiago de Cuba, que la grandeza no está en lo material, sino en lo que se es capaz de crear.

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