Triunfó el apego al cafetal

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Por Luis Morales Blanco | 3 julio, 2018 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Aníbal Suárez López abandonó la comodidad del asfalto y la frescura del aire acondicionado en una confortable oficina para subir a unos ocho kilómetros de Guisa, en la Sierra Maestra,  a reencontrarse con sus raíces campesinas.

Allí en la agreste zona de El Bombón, es fácil verlo  dar atenciones culturales a los cafetales, graduarles  la sombra o aplicar fertilizantes a los terrenos ya de por sí fértiles y  muy cerca de la casa  la casa patrimonial.

Poderosas razones impulsaron a este licenciado en Contabilidad y Finanzas a subir a la montaña y continuar la tradición de cultivadores de café de distintas generaciones familiares y en especial de sus padres y de Juana, la madre,  actual propietaria de la finca.

“Me crié retozando entre los cafetos,  persiguiendo mariposas y sinsontes y aquí recogí mis primeros granos de café que si no tenían un  verdadero sustento económico,  iban forjando en mí  el amor por el trabajo y por la tierra.

En esto influyó sobremanera el ejemplo y las lecciones de vida de mi madre Juana Caridad  López , profesora e historiadora de la localidad quien nos enseñó a amar este pedazo de Cuba y sus frutos.

“No me arrepiento ni un momento de esta decisión: creo que desde aquí contribuyo mejor a la economía de la casa y de  nuestra cooperativa de créditos y servicios (ccs) Manuel Fajardo, cuyos directivos nos apoyan en todo lo que necesitamos y de la técnica integral de montaña Oniria Richard Lossí, quien siempre está atenta a lo que nos haga falta.

“Estamos incrementando áreas  del café arábigo, nuestra variedad tradicional, tenemos algo más de una hectárea junto a la carretera y nos vamos extendiendo por nuestra finca en un fomento loma arriba.

“Aquí tenemos cerca de siete mil matas con unos siete meses de plantadas y ya hay algunas que  tienen granitos, pero  las producciones fuerte las planificamos para 2020.

“En esta especie de vuelta a mis raíces me han servido muchos mis conocimientos económicos y mi formación universitaria, aquí no hay estrés todo es quietud y sombra, a propósito mientras crecen los árboles de piñón y júpiter ideales para sombrear, sembré plátano burro, cuyos follajes representan una sombra no permanente, pero que adicionalmente  siempre propician algo que cosechar para el consumo humano y animal.

“Creo que el apego a estos cafetales fue el mayor empujón que recibí para volver aquí”.

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