Un abrazo con Chávez

Share Button
Por Osviel Castro Medel | 5 marzo, 2018 |
0
FOTO Juan Barreto, AFP

Cuando aquel martes se anunció en Caracas que el presidente Nicolás Maduro iba a dar la noticia tremenda en cadena nacional de radio y televisión… muchos camarógrafos se desmayaron.

Unos eran afines a Hugo Chávez Frías, otros eran adversarios, pero el impacto de la mala nueva que se daría a conocer sacudió a todos.  Eran las 4: 25 y, desde esa hora, colapsaron las líneas telefónicas, se multiplicaron los televisores, se apareció una neblina en la atmósfera y hasta el cielo, en raro suceso, se coloreó de rojo.

Imaginarse a Venezuela sin el estadista, a América sin el líder, al mundo sin el hombre volcánico era demasiado para la mente de cualquier mortal. Por eso desde entonces Caracas no fue igual.

Chávez, el soldado y el jefe de nación, se había ido a otra dimensión acaso para reafirmarnos que ningún país se construye con la voluntad o la inteligencia de un solo hombre; y que sin unidad revolucionaria puede despedazarse mañana uno de los sueños más hermosos de este mundo.

Pero se había marchado acaso para demostrarnos, también, el peso de los líderes en los procesos complejos de la historia, la trascendencia del carisma, el valor infinito del ejemplo.

A cinco años justos del acontecimiento, tal vez ahora comprendamos mejor que los mitos más colosales emergen de los hombres más carnales; de esos pocos como él, capaces de llorar en público, de regañar a sus ministros con la sinceridad de un padre, de reírse de sus urgencias estomacales, de abrazar a muchos cada día en su camino.

Eso fue Chávez: conjugación de ideas políticas  y de virtudes bien terrenales, rescatador bolivarianista, ser humano excepcional, aunque de carne y hueso.

Nunca fue un paraíso apartado ni un líder remoto. Fue gente, palabra desbordada, gesto, deseo, imperfección, tozudez, carne, erudición, verso y ¡pueblo!

Hugo Chávez vino de la amistad verdadera, del abrazo, de lo imposible y lo posible, de la magia. Vino de una sonrisa que todavía abate ejércitos,  del entusiasmo y el amor supremo.

Cómo no entender aquel 5 de marzo de 2013 a un pueblo volcado en las calles con lágrimas y suspiros.  Cómo no entender el abrazo que se dieron conocidos y desconocidos cuando supieron la noticia. Chávez fue y es en todas partes -hasta en lugares de supuesta escarcha- una llama viva.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *