Un hilo para cada dedo (+fotos, audios y videos)

Carlos González Sardiñas y su compañía Hilos mágicos mantiene vital el arte de las marionetas, un legado que corre el riesgo de perderse si no aseguramos quién continúe la tradición
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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 15 abril, 2019 |
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FOTO/Luis Carlos Palacios Leyva

En la década del 90, Carlos González Sardiñas enrumbó viaje al país de “Nunca jamás”  para no volver. Como Peter Pan, hizo eterna su infancia gracias al encuentro mágico con la marionetista María Antonia Fariñas, quien lo llenó de asombros.

El desafío para el discípulo no se hizo esperar. Ese día, como de costumbre, montó su bicicleta rusa para emprender el regreso a Santo Suárez, luego de recibir sus clases en casa de María Antonia (frente a Radio progreso, en Centro Habana). Al despedirse, la titiritera le dijo: Mañana ven sin bicicleta, haremos algo diferente.

“Al otro día bajamos el edificio (que se llamaba Retiro radial), caminamos hasta la calle San Lázaro, yo con mi títere en manos. Ella decía a todo el mundo: ¡Ahí va el marionetista! ¡Este es Carlos González! Así vas a empezar a andar por el mundo, con los muñecos. La gente me miraba asombrada manipular el títere, me paraban, me hacían preguntas….María Antonia me dijo: ¡Ya eres marionetista! Y me dejó solo en la calle mientras decía adiós”.

El desafío germinó en el proyecto comunitario Hilos mágicos, al cual incorporó los conocimientos sobre confección, realización y manipulación aprendidos de María Antonia y su esposo Eurípides Lamata, pioneros en Cuba en este arte milenario.

María Antonia Fariñas, precursora del arte de las marionetas en Cuba. Al lado imagen de los ratoncitos creados por María Antonia y restaurados por Carlos González.

Publicado por Anaisis Hidalgo Rodríguez en Lunes, 15 de abril de 2019

 

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Desde entonces, jamás renunció al encanto de tallar, armar y pintar muñecos que vestía con trajes de colores brillantes confeccionados por su madre, ‘una lumbrera en la costura’.

“Con una marioneta puedes hacer todo lo que quieras, pero tienes que ensayar mucho y dedicarte mucho para sacarle provecho al muñeco.

“Lleva un tiempo dominar al títere, controlarlo y sacarle provecho al muñeco. También está todo lo que el muñeco te puede hacer en contra de ese propio trabajo, porque el títere se agacha, la mano se cansa, te dan unos señores latigazos en el brazo, -enfatiza señalando el hombro-. Cuando terminas la función te lo sientes, por eso muchos temen dedicarse al trabajo de las marionetas propiamente.

“Se debe aprender a independizar los movimientos de cada dedo. Estos muñecos son complejos, pero los hay aún más, que requieren incluso un dedo para cada hilo. Tienes que concentrarte en lo que estás haciendo, saber que este dedo es para una cosa, este para otra, y eso no se aprende en un día.

“Hay actores desesperados que quieren aprender en cuatro días y no se puede. Yo llevo años trabajando esto y todos los días descubro algo nuevo. Es como la carrera del médico, que siempre aparecen cosas nuevas porque cada muñeco tiene su secreto muy específico.

“Actualmente se está luchando por insertar las marionetas en las escuelas, se dice que se va a hacer, pero aún no se hace nada y es lamentable porque este es el arte de los títeres, que está bien perdido  en Cuba y en el mundo entero.

 

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Publicado por Anaisis Hidalgo Rodríguez en Domingo, 14 de abril de 2019

“Otros ven la técnica de las marionetas con cierto tabú, porque es el muñeco más parecido al ser humano y exige mucha dedicación.”

La magia aprendida dio luz a su primer personaje Pancho el rítmico, con el cual recorrió de punta a cabo La Habana del período especial.

Pancho el rítmico./FOTO Luis Carlos Palacios Leyva

“Lo quiero mucho, para mí es como mi hijo, mi negrito. Con él bailo una rumba de Ernesto Lecuona. Es un número que he presentado en solitario, en vivo, en la televisión, con cuerpo de baile… Siempre lo hago. Me gusta mucho, se porta muy bien, me ha acompañado durante años, en Cuba, en el extranjero, en todas partes ha estado este negrito conmigo.

 

Pancho el rítmico, personaje con el cual Carlos González inició el trabajo con las marionetas

Publicado por Anaisis Hidalgo Rodríguez en Lunes, 15 de abril de 2019

“Tiene su encanto muy específico. Con él aprendí a casa de María Antonia, a quien quise como mi madre. Tiene el modelo de diseño de ropa de mi madre que era quien me cosía la ropa de mis muñecos y que ya no está.”

MERECIDA HERENCIA

Cuentan que María Antonia era muy apegada a sus muñecos, y que incluso durante su lecho de muerte, se hizo acompañar por sus siete enanitos, como quien asegura el boleto de regreso a la infancia, donde los sueños nunca mueren.

Antes de fallecer, legó muñecos, libretos y música a Carlos González, quien en retribución además de su labor sobre los escenarios, creó la Sala-Museo María Antonia Fariñas, única de su tipo, donde se muestra gran parte de la historia de las marionetas, en su sede permanente del teatro La Edad de Oro.

“Allí se exhiben muñecos —incluido el títere de hilo más antiguo, que al decir del director tiene unos 60 años—, piezas originales pertenecientes a María Antonia y Eurípides Lamata; cartas, reconocimientos, trofeos, discos y periódicos de época, así como muñecos provenientes de distintos países.”

Para Carlos González cada muñeco es un universo, una persona que habita, que siente y se entrega, por eso no resulta extraño que cada uno tenga su propio nombre, su historia, su inscripción de nacimiento,  cuándo empezaron, quién los hizo, cuál fue su primera función, su música, en qué teatro trabajaron, quién los vistió…todo un registro, y siempre, una vez al año, celebra un cumpleaños colectivo.

“Invito a los niños del barrio, los siento en el comedor de mi casa, pongo un alambre, cuelgo todos los muñecos, busco el cake y todo como en un cumpleaños tradicional y voy leyendo sus registros, este nació tal día cumple tanto años, este otro…así con todos, y les cantamos felicidades porque en definitiva, ellos están conmigo el año entero, llevan muchos años acompañándome. Los quiero mucho.

“Así como yo tropecé con María Antonia quisiera que alguien siguiera mi historia y la de María Antonia, alguien que de verdad le guste y se dedique a esto, que de verdad le interese, no para hacer cumpleaños, no para ganarse la vida, esto hay que quererlo.

“Que siga viva el arte de las marionetas en Cuba es lo que anhelo, y se lo pido a Dios y a mi Santísima Caridad del Cobre, fue mi promesa con María Antonia Fariñas, que ella también creía en Dios y amaba a la Caridad del Cobre. Que así sea para bien de los que vienen detrás, aunque no pienso morirme por el momento, todavía tengo mucho hilo que halar.”

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