Un luchador contra el crimen

Share Button
Por Yelandi Milanés Guardia | 18 octubre, 2017 |
0
Ramiro Rosabal Probance FOTO/ Rafael Martínez Arias

El teniente coronel de la reserva Ramiro Rosabal Probance todavía, a pesar de sus años, confiesa que llena su mochila de suministros para hacer largas caminatas y subir lomas.

Esa costumbre proviene de sus años mozos, cuando pertenecía al Ejército Rebelde y, posteriormente, al participar en la lucha contra el bandidismo contrarrevolucionario armado, en las zonas rurales de las actuales provincias de Las Tunas, Holguín, Santiago de Cuba y Granma.

Su bautismo de fuego fue en Las Tunas, donde estuvo operando desde 1959 hasta 1964. Allí enfrentó a elementos relacionados con los tigres de Masferrer y contribuyó a la captura de grupos armados, como los de Pablo Pupo Velázquez, Cesario Nápoles, Luis Candelario y otros que completan una cifra de nueve.

Luego pasó a la lucha en los territorios antes mencionados, donde las bandas tenían como característica general estar formadas por esbirros de batista, prófugos de la justicia y algunos excombatientes y oficiales del Ejército Rebelde, quienes equivocaron el camino.

“Al principio no teníamos mucha información, refiere Rosabal Probance, porque peinábamos la zona después de ocurridos los hechos vandálicos. Otra desventaja era que aún no se había creado la sección de bandas y los compañeros de la Seguridad en los municipios eran pocos.

“Una lamentable pérdida fue el asesinato del primer oficial de la Seguridad del Estado de esta provincia Ángel Bello Vega, por Marco Antonio Vázquez Gómez y sus secuaces, quienes operaban entre los límites de Granma  con Santiago de Cuba.

“Estos criminales quemaban escuelas, bodegas, mataban y abusaban de los campesinos, por eso estaba muy convencido de su liquidación.

“Entonces vengo a Bayamo, en 1964, a operar dos agrupaciones contrarrevolucionarias, la de Ventura Ramírez Samé y Alfredo Espinosa Pompa, las cuales se eliminaron en alrededor de ocho días.

“En Granma se realizaron 14 acciones combativas contra 11 bandas, que llegaron a tener 271 bandidos y más de 200 colaboradores”.

Estos grupos de alzados eran financiados y apoyados por el Gobierno de los Estados Unidos, mediante la CIA, y por organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en el país del norte.

En nuestro territorio hubo cuatro en Bartolomé Masó y una en Jiguaní, Campechuela, Bayamo, Buey Arriba, Río Cauto, Pilón y Yara. Algunos campesinos se unieron a los alzados por el temor y las amenazas de los jefes, quienes eran criminales natos.

“Para tener una idea del apoyo basta mencionar las 12 operaciones aéreas realizadas en Pinar del Río y el Escambray, en las cuales arrojaron 151 mil libras de armamento y pertrechos, sin contar la ayuda marítima.

“Un papel importante en el enfrentamiento lo tuvieron la sección de bandas del Departamento de la Seguridad del Estado y los oficiales de la Seguridad, quienes reclutaban colaboradores para infiltrarlos.

“Otro apoyo importante fue el de los Comités de Defensa de la Revolución  y  de la Federación de Mujeres Cubanas, que favorecieron todo el trabajo de la Seguridad. Estas organizaciones también nos brindaron sustento alimenticio, porque a veces nos pasábamos muchos días atrincherados y  nos llevaban los suministros.

“En la heroica lucha cayeron 33 granmenses, 12 en nuestro territorio, y los restantes en La Habana (5),  Santi Spíritus (5), Las Villas (3), Las Tunas (2), Guantánamo (2),  Matanzas (2), Camagüey (1) y Ciego de Ávila (1)”.

La contienda costó mil millones de pesos al país, pero afortunadamente en julio de 1965 ya el bandidismo contrarrevolucionario armado había sido aniquilado.

Esa proeza fue gracias a la entrega de hombres como Rosabal Probance, quienes con su accionar demostraron que lo más importante era defender el proceso revolucionario, además de ratificar la frase guevariana: “En una revolución se triunfa o se muere, si es verdadera”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *