Una apasionada de los rostros transformados

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Por Yelandi Milanés Guardia | 21 junio, 2017 |
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En sus palabras de agradecimiento por el premio Bayamo/ FOTO Luis Carlos Palacios

Ningún rostro para ella pasa desapercibido, pues en cada uno ve la posibilidad de transformarlo en un personaje de un cuento o telenovela, o de revivir artísticamente a una personalidad de la historia.

La atracción de Ana Rosa Coronado Vázquez por las caras y las formas del cuerpo nacen de su amor y dedicación al maquillaje, profesión que le ha proporcionado disímiles premios y alegrías, aunque en otras facetas de la vida también su talento ha rendido frutos.

“Yo comienzo a hacer peluquería a los 16 años porque era de procedencia humilde y quería ayudar a mi familia, e inicio con muchachitas de quince.

“Posteriormente me integro al Colectivo Teatral Granma, del cual soy fundadora, y empiezo a recibir cursos en La Habana hasta llegar al Ballet Nacional y convertirme en alumna de Toni Caña, el maquillista de Alicia Alonso.

“Desde entonces me preparo en todas las modalidades, pero me perfecciono en la caracterización, porque no me interesa poner lindo a nadie. Gracias a los conocimientos recibidos me he desempeñado en el mundo del teatro, la danza, la televisión y el cine. También le he dado vida a personajes históricos en varias galas y conmemoraciones realizadas en la provincia”.

En televisión se estrena con Pocholo y su pandilla, un programa infantil de los años 90. La inclusión en el colectivo la mantuvo mucho tiempo realizando maquillaje de fantasía, pero cuando llega la filmación de la telenovela Tierra Brava una nueva puerta se abre para ella.

“Yo llego a la telenovela porque la maquillista principal me conocía y me llamó a hacer las escenas en los exteriores, por eso las peleas de Tierra Brava las hice yo, lo cual me permitió realizar un arduo trabajo de caracterización con los actores.

“Dentro de mi quehacer estaba maquillar a Silvestre Cañizo después de la golpiza y me esmeré tanto, que por esa labor obtengo el premio Caracol. Yo sé que lo más recordado es como quedó, pero lo más importante para mi fue el proceso de su recuperación. Tenía que mostrarlo desfigurado desde la paliza hasta su sanación”.

Esta producción, con gran rating de teleaudiencia, le permitió ganarse un puesto como maquillista en Las Impuras, pero su amor ciego por Bayamo acortó su estancia en la capital y al regresar a su terruño quedó fuera de ese colectivo. “Estuve cinco años en la Habana, pero regresé porque no puedo vivir sin mi ciudad”.

Otro programa importante en su vida fue Había una vez, donde se narraban muchos cuentos y primaba la fantasía. De igual manera disfrutó El payaso que se robo la risa, en el cual contribuyó a recrear una ciudad de payasos.

“Yo esbozaba en el rostro elementos del oficio de cada actor. Por ejemplo, Tito Junco era el payaso zapatero y le pintaba la puntilla y el martillo, la vendedora de flores se las dibujaba en la cara y al cocinero le hacía una espumadera en la mejilla y el cucharón en la otra. En ese tiempo aprendí diseño de luces y dibujo”.

“En el teatro disfruté mucho la labor realizada en una obra sobre Matías Pérez. También he maquillado a los actores que en el territorio han interpretado a Perucho, Céspedes, Gómez, Maceo y Martí. Dentro de ellos sobresale René Reyes Blázquez -director de la Guerrilla de Teatreros- quien ha encarnado al Generalísimo.

“Entre los seriales destaca uno del Che, detrás del cual hay una linda historia, porque nadie me conocía en la Televisión Serrana. Cuando voy al casting a ver quien iba a interpretar el personaje, los miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) me ven y me preguntan si yo estoy en el equipo de maquillaje, pero respondo negativamente.

“Entonces me presentan al director y me invita al casting, pero casi nadie se presenta, mas de pronto veo entrar a Carlitos Rodríguez, uno del equipo, y rápidamente dije: “A él lo puedo maquillar como el Che”. El director lo vio como un atrevimiento pero me dio permiso.

“Cuando termino de maquillarlo exijo una camisa verde, una boina y un tabaco, y al verlo todos se convencieron que era el Che, eso me allanó el camino para la película Café Amargo, porque algunos me conocían de ese trabajo con la Televisión Serrana”.

Sus conocimientos de maquillaje los ha trasmitido a varios alumnos, pero desafortunadamente muy pocos se dedican a esta labor. A ellos les ha enseñado que detrás de cada caracterización hay un estudio previo: “Les aconsejo a los nuevos maquillistas estudiar mucho, porque eso no es pintar y hay que saber porque se hace cada rasgo en una cara. Yo tengo 71 años y no paro de instruirme”.

La creatividad de Coronado Vázquez ha trascendido a la artesanía y varias han sido las exposiciones realizadas sobre muñequería y confecciones textiles, desde su integración a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA).

Como si fuera poco su quehacer, esta bayamesa también ha incursionado como promotora cultural, condición por la cual mereció el Título de Hija Ilustre de Bayamo. Tan alto honor lo atribuye a su máxima de que el promotor cultural debe trabajar dentro de la comunidad y acercarse a los problemas de la misma.

Entre sus proyectos comunitarios está Domingo entre Amigos, integrado por adultos y creado para fomentar la amistad. Esa iniciativa dio paso a otra con niños nombrada Amiguitos de Martí, pero ya no se realiza porque la salud no la acompaña para andar por varios lugares con los pequeños.

Entre los últimos galardones obtenidos por Coronado Vázquez está el Premio Bayamo 2016, el cual la ha rebautizado y reafirmado como una bayamesa nata, quien ha entregado su corazón y alma a esta ciudad de cuya raíz no logra desprenderse.

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