Una fiesta de espanto

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Por Angélica Maria López Vega | 1 noviembre, 2019 |
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He vuelto a cruzar el velo. Me enviaron del más allá el día en que la línea entre su mundo y el mío es más delgada que de costumbre.

Llegué al lugar indicado, donde las luces acompañaban la música en una mezcla de rock y electrónica. La oscuridad y el misticismo envolvían ese espacio terrenal denominado AHS en la ciudad de Bayamo.

Dos ojos como el hielo me miraron fijamente, era una monja terrorífica, por momentos me pareció conocida. La llorona con su tiara de flores y vestido estampado bailaba en una esquina luciendo sus movimientos cadavéricos.

Un zombie que aseguraba venir directamente desde Walking Dead mostraba su carne rasgada y cuerpo ensangrentado con orgullo. Belcebú afiló los cuernos y dientes, vistió sus mejores galas, no se perdería bajo ningún concepto esta fiesta.

Una combinación de las criaturas más perversas se reunió en aquel lugar: brujas, hechiceros, vampiros, enfermeras asesinas y payasos espeluznantes. Todos riendo, disfrutando, integrándose entre los mortales que también asistieron.

La magia flotaba en el ambiente, pero los conjuros no son inquebrantables. Después de esa noche seguirían con sus vidas normales y se transformarían de nuevo en jóvenes y adultos comunes. Mientras, yo tomaré mi camino de vuelta, me esperan del otro lado; pero regresaré, se los prometo.

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