Una muerte nunca olvidada

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Por Luis Morales Blanco | 17 mayo, 2018 |
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Nombrar a Niceto Pérez en Cuba, y fuera de ella, es decir campesinado  heroico e insobornable, pero según cuentan testigos  de por qué se convirtió en símbolo de quienes  hacen parir la tierra, Niceto pasó a la posteridad por defender su patrimonio y el de los precaristas como él que vivían terrenos denominados realengos.

Estos eran espacios de terrenos  libres, sin dueño, técnicamente propiedad del estado,  que quedaban enmarcados entre tres fincas  surgidas de las “mercedes” o regalos  que el gobierno español hizo a  los colonizadores.

El  17 de mayo de 1946, en el realengo el Vínculo, en la actual provincia de Guantánamo, Cuba, fue asesinado el líder campesino, Niceto Pérez. Un conocido terrateniente de la zona, Lino Mancebo Rosell, ordenó su muerte. El delito quedó impune por la venalidad de los jueces y pese al trabajo sólido emprendido por los  abogados acusadores.

Un comando    revolucionario  se encargaría  de hacer justicia  nueve meses después de cometido el crimen.

Pero es oportuno detenerse  en un hecho que ilustra el abuso de leguleyos vendidos a los latifundistas: si el terreno pertenecía a un realengo, los terratenientes sobornaban jueces y guardias rurales para robárselo.

En 1934, los campesinos del realengo 18, en la propia zona  guantanamera, impidieron el desalojo.

En el reportaje Realengo 18 periodista Pablo de la Torriente Brau,  con su verbo encendido le puso vida y corazón aquel histórico  suceso. El caso del realengo 18 fue ejemplo cuanto puede hacer el movimiento campesino contra los abusos del poder.

Liderados por Niceto Pérez, los campesinos de la zona comenzaron a oponerse a las prácticas abusivas de los terratenientes.

Mancebo también  ambicionaba los terrenos de El Vínculo. Utilizando diversos subterfugios, intentó desalojar a sus habitantes. La tenaz resistencia de los campesinos, dirigidos por Niceto Pérez , lo impidió.

Muchas fueron las presiones  del geófago para que Niceto abandonara su finquita, pero la respuesta del precarista no dejaba lugar a dudas: “Para quitarme la tierra hay que matarme”. El 26 de abril de 1946, Niceto Pérez presentó una acusación contra Mancebo, por las reiteradas amenazas de muerte recibidas, pero las autoridades la ignoraron .

El 17 de mayo de 1946, mientras beneficiaba su tierrita, junto a uno de sus  hijos, escuchó una voz que pronunciaba su nombre, acto seguido recibía un balazo.

Al oír el disparo su esposa corrió hacia el lugar y pudo ver cómo  Mancebo, en compañía de su hijo, y dos guardias rurales, enfundaban sus armas mientras huían montados a caballo. Antes de morir, Niceto  los denunció  como sus asesinos.

Las protestas llovieron tempestuosas, pero institucionalmente no pudo lograrse nada hasta que un comando revolucionario ajustició al latifundista en la capital cubana”.

En el primer aniversario de la muerte de Niceto Pérez, la Federación Estudiantil Universitaria ( FEU) y la Federación Campesina de Cuba, erigieron un sencillo monumento   en memoria del líder campesino, en el lugar donde cayó asesinado,

Por iniciativa del abogado Ricardo Linares, en el tercer aniversario del asesinato de Niceto Pérez, organizaciones campesinas, con el respaldo de la FEU, instituyeron la fecha de su muerte, 17 de mayo, como el día el campesino.

El 17 de mayo de 1959, 12 años después de la caída de Niceto, en el poblado de la Plata, en la Sierra Maestra, Fidel firmaba la primera ley de Reforma Agraria, que entre otras medidas, abolió el latifundio en Cuba, esa ley  y la dignificación de Niceto y otros líderes campesinos caídos por defender sus derechos, fue el acto más legítimo de justicia hecho a los luchadores agrarios de todos los tiempos.

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