Una obra de infinito amor

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Por Yudelkis de la Hera Jeréz. | 22 diciembre, 2020 |
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FOTO/ Angélica María López Vega

Preparando el porvenir, sembrando semillas en el surco de la Revolución transita tu existencia, con el corazón palpitante de emociones y el deseo inmenso de formar hombres y mujeres de bien.
Y te multiplicas cada jornada, eres amigo, psicólogo, padre y compañero. Porque más allá de enseñar letras y números, más allá de impartir una asignatura, instruyes en materias vitales de la sociedad. Dejando huellas imborrables vas por el mundo. Imposible olvidar tu entrega y sacrificio.Una obra de infinito amor la llamó Apóstol.

No existe ni existirá jamás obstáculo que impida tu quehacer cotidiano. Y te conviertes en artista: cuentas historias, elaborar juguetes y medios de enseñanzas que faciliten tu labor. No importa cuantas horas dediques a planificar una clase, revisar un examen, o autoprepararte si tu alma se estremece con el beso de tus alumnos o una frase Gracias maestro.

Más allá de una fecha mereces una vida de homenaje. Tus manos diseñan al médico, al periodista, al gastronómico, todos y cada uno de nosotros somos el resultado de tu entrega. Y cuando el tiempo ponga responsabilidad en nuestros hombros te recordaremos, porque no se olvida nunca el aula, la seño que nos regalaba poesías, la bibliotecaria que nos llevaba de la mano por mágicos parajes.

Por eso recibe el abrazo de tus alumnos y el agradecimiento eterno de todo un pueblo que reconoce tu honrosa misión.

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