Una Protesta escrita con mayúsculas

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Por Osviel Castro Medel | 15 marzo, 2021 |
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Si no hubiese existido aquella Protesta, escrita con mayúsculas, el final de la primera guerra contra la metrópoli española no hubiera sido tan honroso e histórico.

Antonio Maceo Grajales, el general que había ascendido desde la humildad a golpe de hazañas, encabezaba uno de los actos más brillantes de la epopeya del 68, que necesita ese zarandeo para demostrarle al mundo que los independentistas verdaderos no claudicarían jamás, aunque estuvieran rotos de hambre y necesidades en lo intrincado del monte.

Ese 15 de marzo de 1878 nos nació un referente hermoso,  un símbolo que llega hasta hoy, porque Baraguá ha significado desde entonces no rendirse, batallar, poner la dignidad en primer orden, respetar a la sangre de los caídos, amar mejor a la patria.

Alguno dirá que luego de la protesta del Titán de Bronce ante el general español Arsenio Martínez Campos, no hubo muchos disparos en la manigua redentora o que la contienda terminó sin logros; pero  aquel  “¡No, nos entendemos!” de Maceo fue el anuncio de que no renunciábamos a la libertad de la nación ni a la abolición de la afrentosa esclavitud, los objetivos principales enarbolados en La Demajagua.

Tal vez uno de los episodios relativos a esas jornadas,  que necesitaría contarse más, fue el rechazo a la idea de atentar contra la vida del jefe español. El Hijo de Mariana sabía que los ideales no pueden mancharse con actos bajos y mezquinos, que la dignidad está primero.

Por eso la Protesta de Baraguá sigue espoleándonos aunque las adversidades lluevan, aunque algunos zanjoneros pacten con lemas inventados y olviden el pasado de glorias. Baraguá nos recuerda el índice de Maceo, apuntando hacia el porvenir.

 

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