Una vida y una obra por la esperanza

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Por María Valerino San Pedro | 28 noviembre, 2018 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias.

La voz suave y los delicados ademanes de María Margarita Millán Vega no tienen en apariencia una relación directa con su laboriosidad extrema y sí con ese humanismo que la caracteriza y la distingue en su colectivo de la Maternidad del hospital provincial Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, Granma.

Aún a los 41 años de graduada como Médico y a las más de tres décadas y media como ginecobstetra, muestra los bríos propios de una doctora enamorada totalmente de la profesión escogida.

Su abultado currículo la hace una persona destacada que mereció la Distinción por la Obra de Toda la Vida, máximo reconocimiento para cualquier trabajador cubano, que le fue otorgada recientemente en el Evento territorial de la Sociedad Científica de Ginecología y Obstetricia con sede en Holguín y que incluye las provincias desde Ciego de Ávila hasta Guantánamo.

Entre sus méritos pueden señalarse: Distinción por la educación cubana, la Medalla Manuel Fajardo Rivero, Reconocimiento por el desempeño docente asistencial de excelencia por más de 30 años, Labor de excelencia como árbitro de la revista Multimed, y Experta Premio anual de salud en cuatro ocasiones.

Además es integrante del grupo provincial de atención a la materna crítica, miembro de la Sociedad Cubana de Ginecología y Obstetricia, profesora auxiliar, presidenta de tribunal de exámenes estatales, pre estatales, de residentes, de pregrado, de postgrado, y de cambio de categoría docente.

EXPERIENCIAS

Vastas experiencias atesora esta mujer de 65 años, Máster y Especialista de Segundo Grado en Ginecología y Obstetricia que tiene hoy la responsabilidad de atender diariamente las pacientes obstétricas extremadamente graves y ser profesora consultante.

“Nuestra especialidad es compleja y sumamente agitada, -afirma- pero estoy atemperada a ello, y no me concibo fuera del hospital Carlos Manuel de Céspedes, donde he trabajado siempre.

“En cuatro décadas de trabajo he enfrentado casos difíciles, he disfrutado los buenos resultados que se constatan al egresar las pacientes con sus bebés sanos en brazos y he podido ofrecer mejoría a la salud de infinidad de mujeres y dar cariño, ese que precisan quienes están aquejadas de alguna dolencia.

“No voy a negar la emoción y el orgullo sentido al recibir el Premio por la Obra de toda la Vida, pero en él está implícita la labor de mis colegas, y del personal de enfermería, porque nuestro desempeño no es individual, es colectivo”.

Hasta Uganda (África) y Bolivia llevó Mary, como le dicen todos cariñosamente, la profesionalidad y el humanismo de los médicos cubanos.

“En Uganda –explica- hice una colaboración docente en la Universidad, por espacio de tres años, y en Bolivia fue una labor netamente asistencial, primeramente en el municipio de Paranavi, a cinco horas de La Paz, capital del país, y para llegar debía atravesar el llamado camino de la muerte.

“Trabajé 19 meses en un hospital con grandes dificultades de suministros, fue difícil el manejo de muchas pacientes complicadas y graves, pero no hubo muerte materna.

“Luego  me ubicaron en la coordinación nacional de la brigada médica cubana en La Paz en el departamento de docencia, y después estuve en la Cínica del colaborador cubano”.

MISOFAR

Resulta imposible pretender que Millán Vega se refiera solo a sus méritos y logros, porque su compromiso tiene relación directa con el servicio de Ginecología y Obstetricia del “Céspedes”, por eso insiste en relatar lo sucedido en el evento territorial donde fue galardonada.

“Ese evento es anual, y en el último, se analizaron la materna críticamente enferma y los prematuros extremos, con peso menor de mil 500 gramos al nacer, unido a aspectos en los que se trabaja fuertemente, como la cesárea, proceder que de hacerse fuera del protocolo de realización empeora las complicaciones maternas y del bebé.

“Nos tocó presentar en el encuentro, como parte de una mesa de discusión coordinada en la que exponían sus resultados Holguín, Bayamo, Guantánamo y Santiago de Cuba, lo logrado con la utilización, desde mayo de 2017, de las tabletas inductoras del parto, conocidas por Misofar, que ayudan a disminuir el índice de cesáreas.

“Nuestras pacientes tienen una adecuada respuesta a ellas, desencadenantes del trabajo de parto, el resumen presentado indica que se utilizaron las tabletas en 722 gestantes y solo fue necesario realizar 100 cesáreas, solamente un mínimo de las indicaciones fueron por fallos del Misofar, los restantes diagnósticos respondían a otras causas”.

Madre de dos hijos, abuela de un nieto, esposa, amiga, Doctora…, Mary está siempre ahí, en su “sitio de batalla” aportando a la sociedad sus conocimientos y llenando de esperanzas y alivio el alma y el cuerpo de sus pacientes, sin reparar en los años, el tiempo o el sacrificio.

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