Víctimas resarcidas

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Por Yelandi Milanés Guardia | 30 julio, 2015 |
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Rosell Alfaro Martínez
Rosell Alfaro Martínez, responsable de la caja de resarcimiento provincial

La comisión de un delito trae consigo la aparición de un criminal y una víctima, cuestión que conlleva a la adopción de medidas para sancionar al malhechor y subsanar al afectado.

En el Ministerio de Justicia (Minjus) para lograr lo antes planteado existen las cajas de resarcimiento, las cuales se encargan de hacer efectivas las responsabilidades civiles, provenientes de una infracción penal.

Con el objetivo de conocer las particularidades de esa oficina provincial, La Demajagua dialogó con su máximo responsable, el compañero Rosell Alfaro Martínez: “Este es el lugar donde las personas perjudicadas llegan para exigir la defensa de sus derechos legales y buscan un mecanismo que presione a los culpables de su desdicha”.

La caja de resarcimiento presta servicios de lunes a viernes y tiene entre sus funciones restaurar los daños materiales e indemnizar a los damnificados, para lo cual asume el cobro a los autores del delito.

Su creación se remonta al año 1936 y se subordinaba inicialmente al Ministerio de Hacienda. Luego, en 1953, pasa a formar parte del Minjus y en el 1954 surge la ley-decreto 1258 donde se establecen todas las bases para el funcionamiento de la misma.

“Ese decreto-ley aún está vigente, pero por ser tan añejo y desactualizado amerita una reformulación o derogación del mismo, refiere Alfaro Martínez.

“Nosotros dependemos de la liquidación de los deudores para subsanar a los acreedores. A veces las personas vienen directo del tribunal a cobrar, y cuando le explicamos cómo es el mecanismo se sorprenden y hasta nos insultan, porque dicen que debemos indemnizarlos inmediatamente.

“Aquí no se paga en efectivo y nuestros cheques los emite la oficina nacional, pero solo se entregan cuando se ha cobrado una suma considerable”.

En el caso de las pensiones, vitalicias o temporales, el Estado se hace cargo de las mismas porque auxilian a personas lesionadas e incapacitadas, además de menores desamparados y huérfanos.

El tribunal en estas cuestiones es el encargado de dictar sentencia y fijar la cuantía a pagar: “El veredicto llega a nosotros y luego lo enviamos al organismo superior para ser analizado. El dictamen se introduce en una base de datos y ello se utiliza para la confección de un detallado expediente”.

“En los tribunales se les entrega a los afectados una notificación sobre indemnización para que se dirijan a la oficina provincial y notifiquen la situación.

“Luego de recepcionar ese documento deben transcurrir seis meses para la elaboración del expediente, el cual se confecciona en La Habana. Posteriormente se pasan los requerimientos de pago al malhechor y entonces comienza la reclamación”.

Los inculpados tienen 30 días hábiles para que se presenten a pagar o entrar en convenio a través de su centro laboral, si no están recluidos. Si luego del plazo no se presentan se les aplica un incremento del 10 por ciento por morosidad. Después de haber liquidado aproximadamente la mitad de la deuda fijada es que comienzan a pagarle al damnificado.

“Es importante, resalta Alfaro Martínez, dejar claro que si nos demoramos en el pago es por incumplimiento del incriminado. Las personas a veces quieren que empleemos la fuerza pero esa no es nuestra función. Solo nos compete enviar los requerimientos de pago.

“Actualmente estamos realizando un operativo entre la policía y el Minjus para hacer cumplir a los negligentes su responsabilidad civil. Para ello se ha dispuesto que la cuantía de tres mil pesos se pague en 72 horas y superior a esa cifra en un mes”.

Entre los retos que tiene ante si la caja de resarcimiento se encuentra la actualización de sus leyes y la búsqueda de mecanismos más eficaces y severos a la hora de realizar su cometido. Sin dudas estos cambios proporcionarían un mejor cumplimiento de lo dispuesto en la sentencia dictada por el tribunal y facilitarían el trabajo de varias personas que se preocupan y ocupan porque toda deuda sea saldada.

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