Vivencias de riesgo y deseos

Share Button
Por Osviel Castro Medel | 14 junio, 2021 |
0
Alfredo, en primer plano, junto a algunos de sus amigos profesionales cuando estuvo en el centro ortopédico Frank País

Alfredo Roberto Vargas López tiene apenas 27 años y ya tiene incontables historias para contar, unas vinculadas al riesgo o a la felicidad, otras a la tensión o al abrazo.

Este residente de tercer año de la especialidad de neurocirugía estuvo entre  los que dieron el paso para enfrentar el nuevo coronavirus en la capital cubana, la región que no ha dejado de ser el epicentro de la pandemia.

Así pasó tres meses  en plena zona roja, específicamente en el centro científico ortopédico internacional Frank País, junto a otros 19 profesionales de otras seis provincias.

“Hay pocas cosas comparables a recuperar un niño y darle el alta médica”, ejemplifica ahora al referirse a las vivencias más reconfortantes que tuvo entre el 21 de febrero y 28 en esa prestigiosa institución.

“El esquema de trabajo fue diferente a lo que estaba acostumbrado, atendíamos pacientes pediátricos, algunos negativos, otros positivos; éramos médicos al frente de una sala de entre 35 y 50 camas más los adultos acompañantes”, explica este profesional que labora en hospital Carlos Manuel de Céspedes.

También confiesa que, en principio, no quería separarse de otros dos compañeros que habían viajado con él, Alcides (Tino) y Lenier; pero cuando solicitaron un varón de especialidad quirúrgica para otro team  se miraron los tres y él levantó la mano por compromiso,  pensando que me había toco lo peor. Sin embargo, “acababa de entrar en el mejor equipo de guardia del hospital y de conocer a las mejores amistades mujeres que he tenido en estos 27 años”.

Sin disimular emociones, agrega que las guardias se hacían agotadoras “en un proceso tan dinámico que en ocasiones nos costaba mantenernos en tiempo para completar el trabajo, por lo que muchas veces tuvimos que prestarnos ayuda mutua. Fueron varias noches sin dormir, unas por pacientes con dolencias en mi sala, otras por apoyar a los compañeros con mucha carga; eso nos quedó como enseñanza y nos hizo crear relaciones de hermandad con los médicos del equipo que viven en la Habana y con las enfermeras, quienes son más que nuestras amigas, son nuestros ojos y hasta nuestro corazón”.

Por otro lado acota que en unas ocasiones tuvo miedo, algo lógico porque estuvo luchando “contra una enfermedad infecciosa letal e impredecible” y a menudo le venían la menta sus padres, Gerineldo y Sandra.

Ellos, desde pequeño, lo estimularon a estudiar y no mirar los obstáculos, por eso lo abrazaron muy fuerte cuando en 2018 obtuvo título de oro en la carrera o antes, en la Universidad, cuando alcanzó varios premios en eventos científicos nacionales. También lo felicitaron por saber conjugar el aula con sus cargos dentro de la Unión de Jóvenes Comunistas.

“Soy hijo único, así que cualquiera puede imaginarse cómo nos sentimos cuando salí a cumplir esa tarea en La Habana. No me apena decir que hubo lágrimas. Mi mamá siempre estuvo preocupada y brindándome apoyo. Mi papá, que es mi ejemplo a seguir, me aconsejó con sus sabias palabras y enseñanzas”, expresa.

Alfredo reconoce que este es un momento difícil para todos, “pero si cada uno de nosotros se cuida y cumple con el deber diario en las pequeñas cosas, vamos a salir de esta”.  Él está seguro de que viviremos y un buen día derrotaremos definitivamente la pandemia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *