Vivir para servir

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Por Osviel Castro Medel | 1 agosto, 2019 |
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FOTO Osviel Castro Medel

Tal vez sus días sean de 48 horas, o él tenga el don mágico de estar en varios lugares al mismo tiempo. Porque Luis Félix Duany Almira ha sido capaz, en 25 años de existencia, de hacer más que muchos del doble de su edad.

De niño, no solo estuvo enrolado en concursos de diferentes asignaturas; también se lanzó a investigar sobre el medioambiente, al punto de inventar, a los 14 abriles, un interesante juego didáctico sobre la capa de Ozono, que llamó la atención de incontables personas, hasta aparecer en la revista Pionero.

Era una especie de parchí, con dados, postales y preguntas concebidos por él para que otros muchachos aprendieran sobre la naturaleza y, de paso, se entretuvieran.

“Desde primer grado empecé a participar en el fórum de ciencia y técnica, alentado por mis maestras Blanquita y Ladys, y por Maritza Baró Bazán, funcionaria del Citma”, cuenta este joven que vive en el reparto bayamés Jesús Menéndez.

Como si no bastara, se alistó en varios círculos de interés, participó en numerosos eventos científicos y demostró su versatilidad en otras vertientes extradocentes. Por eso, cuando terminó el noveno grado, con notas académicas de nube, resultó elegido el alumno más integral entre los graduados de la secundaria básica 30 Aniversario de la Batalla de Guisa.

Con esta condición, pero “sin creerse cosas”,  llegó al Instituto preuniversitario vocacional Silberto Álvarez Aroche, donde consolidó conocimientos, fue dirigente estudiantil, ganó certámenes de Historia o Física y, sobre todo, aprendió de la vida.

“Fue una etapa inolvidable y diferente en la que empecé a tener verdaderas amistades, porque el hecho de compartirlo todo en una beca genera afectos. Siempre recuerdo a compañeros excelentes, como Danilo, Elizabeth y Ana María, de los que guardo los mejores recuerdos”, expone.

En ese período Luis Félix tuvo la certeza de que estudiaría Medicina, porque aunque es un amante de otras ciencias, de la filosofía, la música, las letras… entendió que debía dedicar su almanaque a ayudar a las personas.

“Ser médico es también conjugar el arte con varias ramas del saber, por eso me incliné a esa carrera y disfruto hacer el bien a otros. Para mí es esencial una frase de la Madre Teresa de Calcuta, que ha retomado el Papa Francisco: ‘Quien no vive para servir, no sirve para vivir’”.

En la Filial de Ciencias Médicas Efraín Benítez Popa, de Bayamo, seguiría multiplicando su reloj, pues dedicó montañas de horas a la investigación, eventos del Movimiento Juvenil Martiano, la terminación de productos digitales, congresos nacionales e internacionales, la profundización en el idioma inglés, actividades culturales -en las que hizo de locutor y declamador-, exámenes de premio… Todo eso, sin desatender cargos dentro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), organización en la que milita desde los 14 años.

FOTO Rafael Martínez Arias

No resultó casual que terminara sus estudios con título de oro, un promedio académico de 5,15 y la distinción de mejor graduado, hechos que llenaron de sano orgullo a la familia.

“Suponía que era una carrera sacrificada, pero no lo había vivido”, dice con modestia, para luego recordar los nombres de algunos profesores que lo incentivaron a la investigación desde su entrada a la carrera: Bárbara, Ramón, Mónica, Vivian, Arianna, Alexis, Adalis, Alianna, Pavel…

A la sazón, le llegan a la mente sus entrañables compañeras Susana Grey Pompa Carrazana y Beatriz del Carmen Tamayo Bavastro, a quienes adora desde el preuniversitario y que compartieron con él varias de las investigaciones durante seis cursos.

“Son muchos los que me han ayudado para lograr objetivos: mi mamá, Niurka Almira Mateo, mis abuelos  Graciel Almira Espinosa y Luisa del Rosario Mateo Benítez, mi hermanita Ana Carla Acuña Almira, entre otros.  Tuve la suerte de tener una familia muy consecuente y vecinos excelentes, como Milagro Oliva Carrero (Pititi), que ha sido como una segunda madre; o Yamilé Cuba, enfermera de la sala de Cardiología del Hospital Carlos Manuel de Céspedes, quien junto a mi tía Iraida, me estimularon a estudiar las Ciencias Médicas.

Esas personas, a las que tanto quiere, latieron de emoción cuando en abril del año pasado Luis Félix recibió la medalla José Antonio Echevarría, que concede el Consejo de Estado, a propuesta de la UJC. La puso en su pecho el segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura.

“Fue un momento emocionante, pensé en mis seres queridos, en que toda gloria es colectiva, porque siempre dependemos de otros”, reconoce con emoción este médico que, por sus resultados docentes, cursó su sexto año con una verticalización -el comienzo de una especialidad- en Ortopedia y Traumatología.

Otro suceso que le sacudió el alma fue su participación, en mayo pasado, en el XVIII Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes celebrado en Venezuela, donde habló por Cuba y por su adorada patria chica, Granma.

En septiembre, Luis Félix comenzará a tiempo completo otra batalla en hospitales de desvelos y salvamentos. Seguramente la ganará con su talento y con el ingenio que le ha permitido hacer crecer su reloj del tamaño de un planeta.

 

 

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