Vocero de solidaridad y humanismo

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Por María Valerino San Pedro | 31 julio, 2015 |
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Fabián Smiht BarriosImpresiona tener ante sí a uno de esos hombres que escribieron una página imborrable, un joven fornido y carismático, que atesora el mérito de haber sido declarado Héroe de nuestra época.

Se trata del licenciado en Enfermería Fabián Diego Smiht Barrios, que labora en Emergencia del policlínico 13 de Marzo, de Bayamo, quien regresó recientemente de Sierra Leona. Él integró la brigada médica que partió en noviembre del 2014 hacia África Occidental a enfrentar el virus del ébola.

Su locuacidad y la impecable manera de expresarse facilitan la entrevista: “Llevo 12 años como enfermero, una de las profesiones más bellas e importantes, por eso la estudié, y porque muchas personas de mi familia lo son, incluso mi hermana Estrella.

“Con anterioridad estuve dos años en la Misión Milagro, en La Habana, y posteriormente en la brigada que laboró en Trinidad y Tobago”.

Al conocer que el motivo de nuestra visita a su hogar en el barrio Canducha Figueredo lo constituía la reciente misión de carácter extraordinario protagonizada por él y sus compañeros, dice con los vestigios de la emoción en el rostro:

“Aunque no sabíamos mucho del ébola, sí estábamos informados de su letalidad, y aún así di el paso al frente, no obstante el temor de los míos.

“Constituyó la oportunidad para continuar el patriotismo de mi familia, mis ancestros fueron mambises, mis tíos estuvieron en la clandestinidad, para contribuir al triunfo de la Revolución, y mi papá participó como miliciano en la Limpia del Escambray.

“Cuando aterrizamos en Sierra Leona percibimos que la epidemia había devastado al país, fue impactante, el aeropuerto y las calles permanecían prácticamente desolados.

“Estaba en uno de los lugares donde el ébola hacía más estragos, Port Loko, en el noroeste de la nación. Me tocó en la zona confirmada, con 80 casos en ese momento, un panorama muy tétrico. En el hospital, que contaba con 100 camas, todas estaban ocupadas, trabajamos con norteamericanos, irlandeses y finlandeses.

“Éramos una tripleta, es decir, un médico y dos enfermeros, laboré mano a mano con el licenciado Leandro Martínez, de Jiguaní”.

A Fabián se le entrecortan las palabras y humedecen los ojos, al recordar los meses de dura faena para salvar vidas, para librar a la humanidad de ese terrible mal que sumó en Sierra Leona más de nueve mil fallecimientos y algo más de 20 mil personas contagiadas.

Hace alusión a los 41 grados de temperatura con un traje que, por medidas de seguridad, era totalmente hermético, por lo cual se deshidrataban.

“Los profesionales cubanos estamos bien preparados, pienso que somos los mejores del mundo. A un mes de estar allí el nivel de infestación y mortalidad comenzó a disminuir, el número de pacientes bajó a 50 y llegó incluso hasta cuatro a finales de diciembre.

“En enero aumentaron nuevamente porque se abrieron las fronteras, y por las tradiciones religiosas de ellos, que desenterraban los cadáveres para lavarlos, imagine el riesgo; entonces, redoblamos los esfuerzos, una semana antes de nuestro descanso final quedaban siete pacientes, y luego supimos que todos sobrevivieron”.

El aroma del café nos anuncia que será preciso detener la conversación para degustar el sabroso néctar.

Una mujer agradable y bien plantada, como se dice en buen cubano, Delfina Barrios Rodríguez, nos trae las humeantes tazas y comenta:

“Soy la madre de Estrella, y de los mellizos Fabián y Yadián, este último ingeniero agrónomo que cumple misión en Angola. Estoy muy orgullosa de mis hijos, aunque reconozco que viví unos meses de angustia y pensaba en las madres de los Cinco, y me decía, si ellas han podido, yo también.

“Mis tesoros son el resultado de la educación que les dimos, basada en el respeto, la preparación y un alto sentido de humanismo. Tengo el mayor y mejor premio de la vida. Estoy agradecida de los vecinos, de sus compañeros de trabajo del policlínico 13 de Marzo y de la Dirección municipal de Salud, quienes sistemáticamente se preocuparon y ocuparon de mi esposo y de mí”.

Fabián ha permanecido en silencio, mirando con indescriptible ternura a su progenitora. Quizá por eso de que si eres buen hijo, mejor padre serás, nos habla con una amplia sonrisa de su pequeño de tres años al que adora, de las travesuras y nuevas cosas aprendidas, de cómo disfruta cuando están juntos los fines de semana.

“Lo más importante fue que salvamos muchas vidas, que ayudamos a la humanidad, afirma. Las experiencias más bonitas fueron arrebatar de la muerte a niños, en un país que hasta el 2012 tuvo una guerra civil, nosotros aportamos mucho factor humano, con preponderante papel en la erradicación casi total de la epidemia.

“Me siento satisfecho de haber participado, cumplimos bien la misión. Llegar a Cuba fue emocionante, de gran alegría, feliz el recibimiento y el reencuentro con la familia.

“¿Mis aspiraciones?, seguir trabajando como siempre lo he hecho, decir presente en las actividades que me asignen. Estoy listo para enfrentar cualquier tarea del Gobierno y del pueblo de Cuba”.

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