El vuelo sin libras de Ludia Montero

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Por Osviel Castro Medel | 3 octubre, 2019 |
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Cuántas veces, en estos instantes supremos, la mente habrá volado a su natal Río Cauto y a aquella época en que, para completar el equipo, se anotó en el área de levantamiento de pesas, por puro embullo, sin metas serias en el horizonte.

Ludia Montero Ramos, la primera cubana en ganar una medalla mundial en la halterofilia, de seguro estará pensando en sus padres -bastones imprescindibles para que asumiera un deporte mirado con prejuicios por algunos- o en su primer entrenador, Alexánder Fonseca, un insistente que le empezó a introducir hermosos sueños en la cabeza.

O tal vez se acuerde de los rigores y sudores de agotamiento en la beca de la Eide bayamesa Pedro Batista, donde supo que levantar discos pegados a una barra implicaba tanta fuerza como técnica.

Sus 20 años, cumplidos el 17 de abril, tal vez no le alcancen para aquilatar la hazaña que ha escrito esta semana en Pattaya, Tailandia, donde, contra todo pronóstico, ganó dos preseas de plata: una en el arranque (76 kilogramos) y otra en el total (167), solo superada en ambos casos por la favorita turca Saziye Erdogan (77 y 169 kg).

Únicamente ella, que varias veces ha dicho no tener miedo a certamen alguno, y su arriesgado colectivo de preparadores podían predecir estos resultados que en este instante saben a gloria.

Ludia ni siquiera tenía marcas en la división que compitió en el campeonato mundial (45 kg), porque desde hace rato estaba encaramada en los 49 y tuvo que bajar el peso de “un tirón” para poder cumplir con la brusca “estrategia corporal” trazada por los entrenadores.

“No es la primera vez que enfrentaré un escenario fuerte, aunque entiendo que se trata de otro tipo de competencia, con todas las muchachas buscando la clasificación olímpica. Significa un reto para el cual hay que estar muy bien preparada”. Así dijo, con menos libras en los brazos, pero con más motivación en el alma, a la publicación digital JIT unas horas antes del evento y en la palanqueta demostró que no era fanfarronería.

Se había ido sin lauros en los Juegos Panamericanos de Lima, pero esa historia reciente no la presionó en la cita tailandesa, donde estuvo a punto de conquistar otro metal en el envión (91kilos), modalidad en la que terminó cuarta.

Cuántas veces habrá pensado llegar a su casa con las medallas en el pecho y se habrá imaginado cargada por la alegría colectiva de todos los que la aupaban cuando empezó a ganar en los Juegos Escolares Nacionales o cuando fue captada, siendo una adolescente, para la preselección cubana.

Ludia, con el sacrificio de los kilos quemados a todo galope, está volando ahora y debemos impulsarla, con detalles y atenciones, para que llegue muchísimo más lejos.

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