Yanitza Avilés Fleitas: del tatami a los diamantes

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Por Leonardo Leyva Paneque | 19 mayo, 2020 |
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Foto José Raúl Rodríguez Robleda

El hecho de ser catalogada la mejor softbolista de Cuba, en algún momento de su carrera, jamás trastocó su esencia, como tampoco, llegar muy joven a la selección nacional, en la que estuvo 16 años.

De todas maneras, le resulta difícil no sentirse protagonista en los resultados de élite que consiguió Granma en los clásicos domésticos, al intervenir en más de 10 títulos.

“Eso me hacía muy feliz, aunque no era lo más importante, lo primordial era sentir que el equipo me necesitaba y que ellas confiaban en mí”, expone algo nostálgica por su reciente retiro Yanitza Avilés Fleitas.

Y aunque finalmente quedó atrapada por el softbol, la oriunda de Campechuela practicó antes otros deportes, muy distintos al de la bola blanda y grande, el bate de aluminio o al que tiene muchas similitudes con el béisbol.

Fue el arraigo familiar y a su terruño el principal obstáculo para abrirse paso en los tatamis, cuando algunos especialistas descubrieron aptitudes para el judo, “querían llevarme para Bayamo, pero mi madre no dejó, porque solo tenía 7 años”.

Así rememora sus inicios en el mundo atlético, aunque después se adentró en el voleibol, “incluso, participé en varios torneos municipales, pero eso no era lo mío”, asegura.

Otro horizonte, desconocido hasta entonces, comenzó a desandar luego junto a su padre, quien trataba de mostrarle los fundamentos del béisbol. Quizá era lo que necesitaba para adentrarse en un universo, del que no salió ni pretende hacerlo, aunque ya colgó el guante.

-La decisión

-Un día jugaba pelota con mi padre (Ramón), solo tenía 13 años y pasó por allí el director de deportes en el municipio, Juan Salvador Bejerano; él sugirió que me fuera para el softbol. No sabía que era, me explicó y le dije que sí.

“Luego, fui a un provincial en Bartolomé Masó y me captaron para el club 10 (Escuela Alfredo Utset, una de las cuatro unidades docentes de la Eide granmense), en Manzanillo”.

Así, Yanitza empezó a escribir su propia historia; mientras cada terreno que pisaba se convertía en el más fiel testigo de su innegable calidad como softbolista, hasta encumbrarse en el firmamento nacional.

También, recuerda con tremendo orgullo su debut internacional, “fue en el Campeonato centroamericano de 2001, en Maracay, Venezuela”, revela, quien llegó como jardinera y terminó jugando en la inicial.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo de los campeonatos cubanos?

-En el primero (1999), cuando quedé líder en hit, carreras anotadas y en bases robadas. Me sentí tan feliz, que no podía creerlo.

-¿Qué opinas de la rivalidad con Villa Clara?

-Existe hace muchos años, sabemos que somos dos grandes equipos y luchamos por lograr el objetivo, que es ganar.

“A veces ellas, otras nosotras, pero siempre dando lo mejor”.

-Por cierto, las villaclareñas ganaron la última edición, en Manzanillo, cuando ya era una realidad tu retiro

-De eso, ni quisiera hablar, pero bueno…

“Fue un dolor muy grande, no porque perdí, sino porque no pude dar más de mí en momentos cruciales.

-¿Quedaste convencida de tu despedida de los terrenos?

-Sí. Terminé completamente convencida y de que era el momento exacto.

-¿Sientes nostalgia?

-Un poco, pero tengo la satisfacción de que la escuela (Club 10) y mis entrenadores me pidieran trabajar con niñas de 11 y 12 años de edad.

“Y estoy muy feliz de saber que puedo enseñar todo lo que aprendí a lo largo de mi carrera.

-Granma lleva décadas en la élite del softbol femenino en Cuba, ¿seguirá en ese lugar?

-Sí. Nuestros entrenadores y atletas siguen trabajando muy duro para que la provincia siempre esté en el podio.

-El mensaje

-A todas las jugadoras le digo que sigan esforzándose, con mucha disciplina y entrenamiento pueden lograr todo lo que se propongan.

Yanitza no pudo evitar las lágrimas, durante la ceremonia de su despedida, en el Club 10, de Manzanillo / Foto Alexi Sánchez Jerez

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