Yeni Soler Guerra: la Dama del ajedrez granmense

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Por Leonardo Leyva Paneque | 6 mayo, 2017 |
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FOTO/ Leonardo Leyva Paneque

Las primeras instrucciones que recibió sobre el tenis de mesa apenas llamaron la atención de Yeni Soler Guerra. Por eso y sin pensarlo dos veces, cambió las raquetas y las peloticas de pimpón por un tablero de 64 casillas.

Entonces, tenía ocho años de edad y cursaba el tercer grado en la escuela primaria Oscar Lucero Moya, de Bayamo. Y bajo la tutela del profesor Raúl Frómeta comenzó a descifrar los misterios entre reyes, alfiles, peones…

“A los tres meses de empezar fui al primer provincial y gané”, revela. Tal vez, esa fue la motivación que necesitó la niña bayamesa para no apartarse jamás del ajedrez, mientras algunos especialistas coincidían en presagiarle un porvenir promisorio.

Era solo el preludio de su tránsito exitoso por categorías inferiores, pero con la presea de bronce que alcanzó en los Juegos escolares de 2013, Soler Guerra se dio a conocer en el ámbito nacional.

Terminó, además, con las pálidas actuaciones del ajedrez granmense, inmerso en una racha de cinco ediciones consecutivas, “en las que no consiguió medallas”, aclara, quien desde pequeña siempre se ha identificado con la Gran Maestra (GM) Sulennis Piña: “Me compararon y me han dicho que puedo ser como ella”, expresa.

A Yeni la ciudad de Matanzas le tenía reservado para los primeros meses de este año, quizás, los momentos más felices de su existencia. Luego de varios torneos clasificatorios, avanzó -contra todo pronóstico- a la final del Campeonato nacional, de febrero pasado.

“Jugué el zonal oriental en Manzanillo, el que nunca pretendí ganar, aunque sabía que tenía la posibilidad de quedar bien”, confiesa la joven de 16 años, quien aseguró el único boleto para la semifinal, que luego acogería la Atenas de Cuba.

Allí prosiguió con buen paso y acuñó una de las cuatro plazas directas para la fase conclusiva del certamen doméstico, que también aconteció en la capital matancera y donde concluyó novena, con 3.5 puntos de 11 posibles.

“Llegar a la final ya era un mérito. Además, fui la única juvenil que se incluyó en esa instancia, lo que propició que me sintiera ganadora y que jugara con menos presión; eso me ayudó bastante”, acota.

-¿Enfrentar a las mejores trebejistas cubanas de la actualidad fue un reto?

-Claro. Allí tuve partidas complicadas con jugadoras de mayor nivel y más experimentadas que yo.

Así, Soler Guerra formó parte de la docena de atletas que disputó la justa, mientras se codeaba con lo más excelso del ajedrez femenino cubano, entre las que figuran las GM Maritza Arribas, Yaniet Marrero, Oelyni Linares, entre otras.

-¿Catalogas esta etapa como la más grande de tu aún prometedora carrera deportiva?

-Sí. Ese fue mi desprendimiento como atleta. Había conseguido otros resultados, pero ninguno tan importante como este. Y anhelo mejorarlo.

-¿Aspiración inmediata?

-En este año quería hacerme Maestra Fide y ya lo logré; también deseo titularme campeona nacional juvenil, lo que podría abrirme algunas puertas para asistir a torneos centroamericanos y otros eventos internacionales. Es uno de mis sueños jugar en otros países.

Por supuesto, en su mente persiste el propósito de convertirse en Maestra Internacional, “pero en un plazo más largo, primero debo hacer las normas”, refiere, y también llegar a GM, “eso es poco a poco”, asegura.

En unos días, el 24 de mayo, Yeni parte para Matanzas, para intervenir en el Capablanca in memoriam, “es un torneo internacional que da normas y desearía aprovecharlo”, comenta sobre la lid que le servirá de preparación para el Nacional juvenil, de junio próximo; en tanto se muestra convencida de que valió la pena sumergirse en los enigmas del juego Ciencia.

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