
El sector estudiantil enfrentó con valor a la dictadura de Fulgencio Batista, desde el mismo golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. A medida que la lucha de la oposición se intensificaba, ganaban espacios la unidad y la disciplina en las universidades de La Habana y Oriente, el Instituto de Segunda Enseñanza de Holguín y Manzanillo, la Escuela Profesional de Comercio, la Escueta Técnica Industrial y la Escuela del Hogar de Bayamo.
El 27 de noviembre de 1955, hace 70 años, los estudiantes no pudieron prácticamente conmemorar la fecha del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina. La policía batistiana los agredió en plena calle y los dispersó con disparos al aire y las amenazas de ponerlos detrás de las rejas.
Como muestra de solidaridad con el estudiantado reprimido en La Habana, los consejos de alumnos de los colegios de la Enseñanza Media en Bayamo, formado por las escuelas Profesional de Comercio, Técnica Industrial General Milanés y del Hogar, acordaron realizar acciones de condena a la actuación de las fuerzas represivas del régimen.
El 30 de noviembre, en la mañana, los directivos estudiantiles se reunieron en la casa de Iván Leyva Casamor. Allí agruparon el mayor número posible de estudiantes de los distintos centros, para tomar una de las escuelas y crear un estado de efervescencia.
El segundo paso consistía en transmitir mensajes de solidaridad con los estudiantes de La Habana y de repudio a la represión del régimen de Batista.
La presidenta de la Escuela del Hogar, Ana Marina Rodríguez, expresó que su plantel reunía las condiciones para ser ocupado y resistir un posible ataque de los uniformados.
El locutor Julián Ercilio Navarro Cuello, de la radioemisora CMKX Radio Bayamo, sería contactado para informar del suceso y leer el manifiesto de los estudiantes bayameses.
Esa mañana, una vez concluida la reunión, la policía detuvo a los estudiantes Iván Leyva Casamor y a José Mendoza Licea, acusados de incitar al desorden público. Sin embargo, poco después fueron liberados por falta de pruebas.
De igual manera, sobre las 2:00 de la tarde, los estudiantes Rafael Lapinell Rivero y Bilbaín Milán Silveira realizaron un mitin relámpago frente a la Escuela Primaria Superior José Antonio Saco, acción por la que los condujeron a la estación municipal de Policía por orden del teniente Gerardo Meraz Chirino. De aquellos días, recuerda Rafael Lapinell:
“Para sacarnos de la cárcel los estudiantes llevaron a cabo una manifestación frente al Vivac Municipal, a la que se sumaron los padres de los alumnos. Por la presión del pueblo tuvieron que soltarnos.
“Entonces, nos fuimos para la casa de Bilbaín Milán, en la calle Figueredo. Una hermana de Milán propuso entonar las notas del Himno Nacional. El estado de ánimo general era de lucha revolucionaria”.
Una vez liberados, dispuestos a llevar adelante las actividades antibatistianas, los dirigentes estudiantiles marcharon a las escuelas locales y convocaron al alumnado para la toma de la Escuela del Hogar, en la avenida Francisco Vicente Aguilera, en la barriada de El Cristo.
En horas de la tarde, los estudiantes acudieron al llamado, cargados de piedras, cabillas y palos. Los más decididos subieron a la azotea del edificio para lanzar piedras a los policías y a los guardias si trataban de desalojarlos.
Unos 200 estudiantes bayameses invadieron la Escuela del Hogar, cantando consignas revolucionarias, bajo la guía de Iván Leyva, Ana Marina Rodríguez y Adria Muñoz.
Numerosos familiares y amistades de los estudiantes se sumaron, convirtiendo la toma de la Escuela del Hogar en un hecho estudiantil de gran trascendencia política y moral.
Por su parte, Rafael Lapinell Rivero, de la Escuela Técnica Industrial, se comunicó con el locutor Navarro Coello, quien dio a conocer los sucesos por Radio Bayamo.
“La misión de Navarro Cuello era muy importante, en contacto conmigo. La comunicación de los hechos era muy decisiva para influir positivamente en la opinión pública”, comenta José Lapinell Rivero.
“Mediante un teléfono de magneto, en la misma escuela, colocado en el departamento de máquinas de coser, pude contactar primero con José Ercilio Navarro y después con Radio Progreso, de la que yo era corresponsal. En esta emisora, me atendió la periodista Onelia Aguilar, la que enseguida comenzó a radiarla.
“Casi todo el tiempo estuve realizando la tarea de la propaganda. La principal información, por la premura, la centré en la toma de la escuela y en la rebeldía de los bayameses contra los crímenes de la tiranía”.
Media hora después de la ocupación del plantel por los alumnos de la Segunda Enseñanza y la Escuela Primera Superior José Antonio Saco, aparecieron dos carros patrulleros de la Policía, mientras otros acudían a pie. Frente a la escuela se unió una docena de uniformados, los que trataron de forzar la puerta de entrada, pero fueron blancos de las piedras que lanzaban desde la azotea del edificio.
Los policías tuvieron que replegarse a la acera del frente, desde donde gritaban que los dejaran pasar para llegar a un entendimiento. Pero ante las exhortaciones policiales respondían con el lanzamiento de más piedras.
El clima subía de temperatura, porque algunos policías habían sacado sus armas y amenazaban con disparar contra los que lanzaban piedras. Por supuesto, semejante actitud alarmaba a los familiares que se hallaban en las cercanías.
Por eso, acudió al plantel el teniente Gerardo Meraz, jefe de la Policía en el municipio de Bayamo, acompañado de otros cinco agentes. Queriendo concluir pronto con el disturbio, ordenó entrar por la fuerza y desalojar a los alumnos.
Contra los que intentaban entrar por la fuerza, volvió a caer una lluvia de piedras y pedazos de cabillas. Algunas pedradas volaron los cristales de uno de los patrulleros.
Aprovechando que el teniente Meraz se había alejado con sus secuaces, Evelio Saborit Rodríguez y Pedro Jiménez avanzaron, sigilosamente, hasta el carro del jefe policial y le lanzaron un cóctel molotov. Los policías tuvieron que acudir rápidamente a apagar el vehículo.
El motín alcanzó tanta proporción que para aplacarlo se trajo a una docena de guardias rurales y a unos 20 integrantes de una fuerza especial desde Holguín, al mando del teniente Ramón León.
Esta nutrida fuerza militar, a las 6:30 de la tarde, arremetió contra los que defendían las puertas de la Escuela del Hogar disparando sus armas.
En la trifulca fueron heridos de balas los estudiantes Alberto Ríos Torres, Héctor Gómez Quesada, José Martín González y José Rosales Garcés.
Por su parte, Gustavo Saborit Batista, apodado Muñin, sufrió fractura en la mandíbula por un culatazo.
A medida que los sacaban del edifico, ensangrentados, los familiares y amigos los llevaban, con urgencia, para el Hospital civil General Milanés.
A Alberto Ríos, el más grave de todos, lo trasladaron para el Hospital provincial Saturnino Lora, en Santiago de Cuba. Afortunadamente, ninguno falleció de estas heridas y golpizas.
La última defensa de los estudiantes fue en la azotea. Decenas de jóvenes cayeron presos.
Los esbirros se ensañaron mucho más contra Iván Leyva, William Selva Álvarez, Bilbaín Milán, José Mendoza Licea, Manuel Joa, José Joaquín Ojeda Guerra y Rafael Lapinell, pensando que eran los organizadores de la revuelta.
En el acto, los condujeron presos al Vivac Municipal, sito en la calle Máximo Gómez.
Entre las estudiantes que tomaron parte destacada en estas acciones estuvieron Ana Marina Rodríguez, Juana López, Natalia Rodés, Esencia Selva, Xiomara Martínez, Lourdes Rodríguez, Adria Luz Muñoz Maceo, Miráis Blanco, Eglé Pérez y Belkis Espinosa.
Rápidamente las instituciones cívicas demandaron garantías para la protección de las vidas de los jóvenes estudiantes.
Los acusaron de desórdenes públicos, atentados a las autoridades policiales, el intento de incendio de la máquina de Meraz Chirino y provocar un corto circuito eléctrico en la Escuela del Hogar.
Asimismo, el Gobierno batistiano acusó como promotores del disturbio en la Escuela del Hogar a los comunistas y ortodoxos, con vista a emprender una cruzada contra sus opositores. El pueblo de Bayamo se movilizó para que sus hijos fueran puestos en libertad. La presión popular fue tan gigantesca que varios días después comenzaron a regresar a sus casas.
Pero los siete muchachos más agresivos los condujeron al Vivac de Santiago de Cuba, entre ellos Iván Leyva, José Mendoza y Bilbaín Milán.
El estudiantado bayamés y de Santiago de Cuba presionaba para que le otorgaran inmediata liberación, mientras las defensas estaban a cargo de los abogados Grillo Longoria, Juan Villalvilla y Raúl Ante.
Transcurridos 10 días, los liberaron por falta de pruebas.
La toma de la Escuela del Hogar, la primera rebelión masiva de los bayameses contra el tirano, sirvió para definir políticamente a una cantera de valiosos jóvenes, que escogieron el camino de la lucha armada, de los actos subversivos de todo tipo contra la dictadura.
FUENTES: Colectivo de autores: Bayamo 1952-1958: Coraje y acción revolucionaria (2009).
