
Una nueva y macabra conspiración se puso en marcha en Cuba la madrugada del 10 de marzo de 1952 hace 74 años para apoderarse del poder.
Una que tenía como jefe al capitán Jorge García Tuñón y que estaba compuesta por jóvenes oficiales en activo, sin vínculos con los batistianos que aspiraban a detener la corrupción político administrativa que imperaba en el país y convocar luego a elecciones.
Y la segunda conspiración liderada por Fulgencio Batista y Zaldivar, un ex sargento devenido general, que había sido el “hombre fuerte” en Cuba entre 1934 y 1944, pero que en las elecciones de 1952 no tenía posibilidades de reelegirse como presidente.
Ambas conspiraciones se fundieron en una debido a que los primeros se habían quedado sin una figura que fungiera como líder, y la conspiración de Batista no contaba con los contactos necesarios para tener éxito.
Al unirse las conspiraciones, el jefe seria Jorge García Tunón, de hecho fue este oficial el que impartió las primeras órdenes, pero todo cambió al llegar a Columbia, Batista esperó su momento, el cual llegó cuando las clases bajas y el pueblo comenzaron a acudir al campamento, momento que aprovecha y comenzó a hablarle al pueblo, a los soldados, y a impartir órdenes.
Una vez más se había robado el escenario y ejecutaba el Golpe de Estado militar contra el presidente Carlos Prío Socorrás, que mientras dormía en su finca de La Chata, Batista salía desde su finca de Kukine rumbo a la mayor fortaleza militar de Cuba, ubicada en el campamento de Columbia.
El golpe del 10 de marzo de 1952 dirigido por Fulgencio Batista contra el electo constitucionalmente presidente Carlos Prío Socarrás derogó la Constitución de la República vigente desde 1940 y estableció una dictadura feroz.
Este porrazo marcó un punto de desviación en la historia de la Cuba de entonces. La muy compleja situación en el orden económico, político y social, además la expansión de los Estados Unidos por las Américas mantenía a la Isla en su punto de mira.
Las consecuencias tuvieron su mayor repercusión en el plano político porque contribuyeron a crear una situación revolucionaria en toda aquella aguerrida juventud que despuntaba con profundos intereses patrios.
A raíz de esto, se llevó a cabo una campaña política que junto con la confabulación militar, creó en la población un clima agitado, el cual estaba destinado a demostrar la incapacidad del gobierno para mantener el orden, la paz pública, y los derechos de propiedad y libre empresa.
El momento exige la movilización urgente del pueblo.
Fidel Castro, joven revolucionario con una vasta preparación política puso al desnudo las verdaderas intenciones de la asonada, denunció sin rodeos a su cabecilla y encontró el camino justo para combatir con éxito a la tiranía: desencadenar la insurrección armada popular.
“Su golpe es (…) injustificable, no se basa en ninguna razón moral sería ni en doctrina social o política de ninguna clase. (…) Su mayoría está en el Ejército, jamás en el pueblo. Sus votos son los fusiles, jamás las voluntades; con ellos puede ganar un cuartelazo, nunca unas elecciones limpias…”, expresó Fidel públicamente en un manifiesto escrito pocas horas después del cuartelazo.
El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 significó el surgimiento de una generación política con un nuevo líder, Fidel Castro echaba sus anclas a navegar con proa segura.
Con la lucha armada Fidel trazó su estrategia; tenía bien definido que: ni pueblo sin armas, ni armas sin pueblo. El pueblo es el alma de la revolución.
