
Con profundo pesar y un sentido de pérdida que se entrelaza con la gratitud histórica, despedimos hoy a un hombre cuya vida fue sinfonía de lucha y lealtad: el combatiente revolucionario, músico fundador e historiador del legendario Quinteto Rebelde, Eugenio Medina Muñoz.
Su partida física deja un vacío en el corazón de Bartolomé Masó, de Granma y de toda Cuba, pero su ejemplo, forjado en el fuego de la Sierra Maestra, permanece como faro imperecedero.
Eugenio no fue solo un testigo de la epopeya fundacional de nuestra Revolución; fue, desde su juventud, un artífice activo de su victoria.
En los días cruciales de 1958, cuando la Comandancia General del Ejército Rebelde se estableció en la finca de su familia en La Plata, el talento musical de los hermanos Medina se convirtió, por visión del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en un instrumento estratégico. De un sencillo grupo para animar guateques campesinos, nació un “arma ideológica”, única.
El Soldado del Pentagrama Rebelde
Con apenas 16 años, Eugenio, junto a sus hermanos y primos, intercambió la expectativa de un fusil por una misión mayor. Cuenta la historia que, al solicitar armas para el frente, Fidel les respondió con claridad visionaria: “¿Armas para el Quinteto Rebelde…? ¡No, hombre, ellos tienen la mejor arma que hay en la Sierra, la ideológica!”.
Al principio, confesaba Eugenio, ellos, “guajiritos” casi analfabetos, fabulaban con un arma de dos cañones. Solo después, alfabetizados por la Revolución, comprendieron que el arma poderosa era su música, sus canciones.
Así, el 14 de mayo de 1958, Día de las madres, desde los micrófonos de Radio Rebelde, se escuchó por primera vez la voz de este quinteto -que aunque luego fueron seis, mantuvo el nombre por consejo de Celia Sánchez- interpretando Madrecita del alma querida.
No sería la última. Su misión los llevó a los propios frentes de batalla de Santo Domingo y El Jigüe. Allí, “medio asustados” pero infinitamente valientes, amplificaban sus parodias musicales con potentes bocinas para desmoralizar a las tropas enemigas del régimen de Batista, mientras los tiros pasaban por sus cabezas.
Canciones como Hay que cuidar a Fidel, Procura respetar al Che Guevara o Qué venga la ofensiva, nacidas de su ingenio y el apoyo de los locutores rebeldes, se convirtieron en balas musicales que fortalecieron la moral de la tropa y confundieron al enemigo.
Constructor de la Patria y la Familia
Tras el triunfo de Enero, la humildad de Eugenio y sus compañeros los llevó a disolverse y volver silenciosamente a la vida campesina, sin pedir honores. Sin embargo, su destino estaba irrevocablemente unido a la historia que ayudaron a escribir. Reencontrados en 1981, el Quinteto Rebelde resurgió para nunca más dejar de ser.
Eugenio asumió entonces, con natural liderazgo, el rol de director e historiador del grupo. Desde esa trinchera cultural, contribuyó con pasión a la obra revolucionaria, llevando la música y la memoria a todas las comunidades, participando en eventos nacionales e incluso cumpliendo misiones internacionalistas en Angola y Nicaragua.
Su trayectoria fue reconocida con importantes condecoraciones y premios, entre los que destaca que el Quinteto Rebelde fuera declarado Institución Patrimonial de la Revolución Cubana en 1987.
Pero tan sólida como su obra revolucionaria fue la que edificó en el sagrado espacio del hogar. Eugenio construyó una bella familia, un legado de amor del que hoy dan fe sus hijos, nietos y bisnietos, quienes heredan no solo su sangre, sino su fortaleza espiritual y su inquebrantable fe en la Revolución.
Hasta Siempre, compañero
Eugenio Medina Muñoz fallece después de una lucha sin tregua, demostrando la misma tenacidad que en los combates de la Sierra.
Nos deja su música, que es memoria viva; nos deja su ejemplo de campesino revolucionario que comprendió que la cultura es trinchera de ideas; nos deja la anécdota vibrante de cómo, con una guitarra y una letra certera, se puede servir a la Patria.
Su continuidad musical, social y revolucionaria tiene y tendrá sustento en las nuevas generaciones de masoenses y cubanos. Porque hombres como Eugenio no mueren del todo. Se multiplican en cada joven que canta por la identidad nacional, en cada niño que aprende su historia, en cada campesino que defiende con orgullo la obra a la que él dedicó su vida.
¡Honor y gloria al integrante del Quinteto Rebelde!
¡Hasta la victoria siempre, Eugenio!
