
Para encontrar el rastro de Mario Figueredo Garrido basta con seguir el ruido de las maquinarias que dibujan la historia del parque solar fotovoltaico Las Tapias de Manzanillo; con ellas, a la par que ejecuta cada objeto de obra, añade experiencias a una trayectoria laboral que supera las tres décadas sobre ruedas y cimientos.
“Soy operario de la construcción, eso me define, porque aunque la mía es la retropala yo hago lo que se necesite en cualquiera de los equipos. Lo importante es ponerle el corazón e impulsar cada obra que se nos encomiende”.
“Comencé aquí con una hincadora, porque era preciso abrir para empotrar las mesas que sostienen los paneles solares, y mi máquina estaba rota. En estos meses he pasado por varios como el trompo, la volqueta, porque me gusta la acción y que la tarea salga.
“Mi límite depende de una decisión y de lo que pueda hacer con el equipo. También por eso yo mismo le pongo el pensamiento y las manos a mi retropala, según la necesidad y el conocimiento de su estructura; y el tornero hace el resto, para aplicar soluciones ingeniosas que le devuelvan el rendimiento y retomar el servicio constructivo, siempre útil para el pueblo”.
“No sólo domino los problemas mecánicos comunes, sino que ya me adentro en cuestiones más complejas para solucionar las fallas con creatividad e innovación muchas veces, y lograr la eficacia de este equipo que es parte de mi vida”.
Como integrante del colectivo de la Empresa de Construcción y Montaje Granma, el manzanillero agiganta su estatura. Con destreza toma el volante. En su 4×4 maneja cargas pesadas y excava en lo profundo de los terrenos, sin importar la irregularidad.
Pese al sol, despliega la pluma, el brazo y el cucharón con habilidades técnicas que hablan de su experticia. Conjuga coordinación motriz y percepción espacial para cumplir su meta con una elevada conciencia del significado del esfuerzo.
Cada maniobra es un ritual que persigue la excelencia. “Pudiera parecer simple, pero es un trabajo de exactitud para que las zanjas tengan la profundidad requerida y así conservar el sistema de cables subterráneos que une los paneles con los inversores para transmitir la energía solar y su posterior transformación, y los pertenecientes a las luces exteriores.
“Igualmente impone que haga uso de mis reflejos, mantenga un pulso firme, cuide los detalles de los planos como garantía de precisión”.
La fusión de competencias que ha adquirido en 32 años de trabajo en el sector constructivo, facilita a Mario el cumplimiento de las reglas de seguridad, “porque cuidarme y a los demás es parte importante de mi desempeño, y a la vez que completo la tarea con perfección, protejo la vida de nuestros compañeros de trabajo”.
Ágil, afable y seguro de sí, este manzanillero responde a las exigencias de la vital faena de la cual es protagonista hoy. “Como cubano conozco la imperiosa necesidad de que todas las voluntades se concentren en finalizar el parque. Y al terminar me sentiré más feliz por haber sido también partícipe de esta proeza energética para Granma, pues además trabajé en los que se construyeron en Jiguaní y Niquero”.
La enseñanza también la maneja con maestría para capacitar a las nuevas generaciones. “Aquí hay muchos jóvenes con disposición y talento. Yo por mi parte ya tengo un alumno al que he ido enseñando a maniobrar con la hincadora, la motovolqueta, la retro, porque todas las fuerzas posibles son necesarias para llegar a la meta”.
“A esos muchachos que asimilan mañas y descubren nuevas, también regalo lo que he aprendido en mis 50 años, para que experimenten la alegría de ser integrales y estar a disposición de los encargos constructivos”.
En la virtud de operarios como Marcos Figueredo Garrido la nación deposita sus cargas pesadas para edificar con solidez y hacer realidad sus sueños.
