
La solemnidad lo decía todo. Era bien temprano cuando el amigo llegaba con el pecho apretado. El vecino se sumaba, con el último adiós tan vívido, que suponía increíble el instante que lo quebrantaba. Asimismo, el compañero de estudio o de trabajo, que se unía impactado con un tremendo dolor.
Otros que acudían sin ser cercanos, se mostraban consternados. Aquellos a los que se les hacía inexplicable, en su mirada se podía advertir la indignación de lo atroz.
También los que ni siquiera tenían edad suficiente para comprender la magnitud del momento, pero se les veía el asomo de la tristeza en sus rostros.
Todo un pueblo enardecido, que se reunió este viernes en la Plaza de la Patria, de Bayamo, para rendir tributo a los 32 combatientes caídos en Venezuela, a quienes desde el pasado 3 de enero, los llamamos Héroes.
Héroes no únicamente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior; sino también de un hogar, de una familia y un pueblo que ante sus ausencias les llora estremecido como víctimas de la barbarie injerencista perpetrada por Estados Unidos al hermano país bolivariano.
De ellos, “ahora nos faltan seis en casa.
“En el barrio de Mateo Romás, donde querían tanto a Adriel. Río Cauto ya no verá más Fernando, un joven noble, hermoso y lleno de vida; el único y más grande tesoro de su madre.
“¡Es un cálculo duro!; porque Yasmani no podrá besar más a su mamá y darle un abrazo a su padre ni a su hermana. Duele y compromete.
“No son héroes de mármol, son héroes de carne y hueso. La sencillez y la picardía brotada del rostro humilde de Erdwin.
“Frente a la muerte se elige amar, como lo está haciendo la esposa, padres e hijos de Alexander para quienes él, era su todo. Y para la esposa y familia de Rubiel, estás aciagas horas le deben hacer entender que amar también significa aceptar este dolor tan grande”.
Expresó conmovida Yudelkis Ortiz Barceló, primera Secretaria del Partido en Granma, en el acto central que antecedió, este 16 de enero, en la Ciudad Monumento, a la inhumación de los restos de los seis granmenses en el Panteón de los caídos por la Defensa, de Yara, Río Cauto, Cauto Cristo, Bayamo, Pilón y Jiguaní.
Las lágrimas que desde hace días brotan por las mejillas del hijo, la esposa, la madre, el padre y el hermano …, se hicieron entonces más gruesas y el llanto fue más profundo.
La multitud tras ellos, arropada de blanca en señal de paz, le acompañó hasta el Salón de protocolo de la plaza bayamesa, que devino capilla de las honras fúnebres de nuestros soldados, en una mañana fría y gris, como si el cielo comprendiera la magnitud de la tristeza que por estos días nos abraza.

