La Plata: primera victoria del Ejército Rebelde

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 18 enero, 2026 |
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Después del revés de Alegría de Pio, el grupo guerrillero guiado por Fidel Castro sube a la Sierra Maestra con la misma convicción que salió de México en el yate Granma de ser libres o mártires.

Una vez en las montañas orientales la tropa rebelde se dispone a librar su primer combate en la Sierra Maestra contra la tiranía de Fulgencio Batista. Es el mes de enero de 1957.

Los guerrilleros con una reducida tropa tenían en su poder 23 armas: nueve fusiles con mirilla telescópica, cinco semiautomáticas, cuatro de cerrojo, dos ametralladoras Thompson, dos pistolas ametralladoras y una escopeta calibre 16.

El Guerrillero heroico Ernesto Che Guevara comenta… Así fuimos acercándonos a las posiciones enemigas hasta llegar a unos cuarenta metros. Había buena luna. Fidel inició el tiroteo con dos ráfagas de ametralladora y fue seguido por todos los fusiles disponibles. Inmediatamente, se invitó a rendirse a los soldados, pero sin resultado alguno.

El ataque había comenzado a los dos y cuarenta de la madrugada y los guardias hicieron más resistencia de la esperada, había un sargento que tenía un M-1, y respondía con una descarga cada vez que le exhortábamos la rendición; se dieron ordenes de disparar nuestras viejas granadas de tipo brasileño; Luis crespo tiró la suya, yo la que me pertenecía. Sin embargo, no estallaron. Raúl Castro tiró dinamita sin niple y está no hizo ningún efecto. Había entonces que acercarse y quemar las casas aun a riesgo de la propia vida (…)

Los soldados batistianos acosados por los rebeldes terminaron rindiéndose. Tuvieron tres heridos, dos muertos y cinco prisioneros. Los revolucionarios adquirieron ocho fusiles ametralladoras, mil tiros, alimentos, medicamentos y ropa.

Raúl Castro, en su diario, describió el combate de aquella madrugada:

“Sonó la ráfaga en esa dirección y cuestión de segundos después el estruendo fue infernal, teníamos orden de disparar cada uno 3 disparos y suspender el fuego, para conminarlos a rendirse. Algunos de nosotros improvisamos cortas arengas indicándoles que sus vidas serían respetadas, que solo queríamos las armas y que no fueran estúpidos, que mientras Batista y todos sus amigos politiqueros se enriquecían robando y sin riesgos de ninguna clase, ellos morían sin gloria alguna en la Sierra Maestra. La respuesta fue silencio absoluto […]

El combate de La Plata, al decir del Guerrillero Heroico, “constituyó nuestra primera victoria y tuvo cierta resonancia […] Fue un llamado de atención a todos, la demostración de que el Ejército Rebelde existía y estaba dispuesto a luchar, y para nosotros, la reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final”.

Raúl, según las anotaciones de su diario de campaña correspondiente al 17 de enero de 1957, hace 68 años respiraba ese optimismo al cual se refería el Che: “Nos despedimos de los prisioneros con un abrazo, soltamos a los civiles presos. Uno de ellos nos serviría de guía y nos encaminamos rumbo a Palma Mocha por un camino que bordea la costa. Desde lo lejos se veían arder sobre los cuarteles de la opresión las llamas de la libertad. Algún día no lejano, sobre esas cenizas levantaremos escuelas”.

Sobre las 4:30 de la madrugada, la columna guerrillera al mando de Fidel emprendió la marcha por todo el camino que bordea el mar, para luego ascender por las empinadas cuestas rumbo a Palma Mocha. Atrás quedaba La Plata. Los guerrilleros, sobrecargados por el peso de las armas y el parque recién adquiridos tras su primera acción victoriosa, caminaban con el entusiasmo del triunfo.

Fidel Castro estableció allí la Comandancia de sus tropas en 1958 con el fin de ayudar a la guerrilla brindándole provisiones y albergue. Desde aquí los rebeldes hicieron frente a la ofensiva de la tiranía y desde aquí partieron a cumplir misiones en el Llano.

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