Canducha: la abanderada que marchó a la manigua

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 20 enero, 2026 |
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Los rasgos más significativos de la heroína Candelaria Figueredo Vázquez, más conocida por Canducha, una de las patriotas independentistas más destacadas en el siglo XIX, pueden ser resumidos así: que fue una mujer de mente preclara, capaz de realizar acciones audaces y que entregó toda su vida al ideal de una patria libre y soberana.
Fue la joven bayamesa que el 20 de octubre de 1868, al capitular la guarnición enemiga vistió el traje de amazona, con gorro frigio y paseó la bandera por su pueblo natal, siendo vitoreada a su paso. Desde entonces ganó el honroso título de “La Abanderada”.
Creció oyendo expresiones de odio a la opresión española, debido a que su padre Pedro Felipe Figueredo (Perucho), aún en medio de las comodidades, pudo soportar el yugo del colonialismo.

Esta extraordinaria patriota vivió intensamente el drama de la guerra: estuvo a punto de morir en diversas circunstancias, perdió a familiares muy queridos y cayó prisionera de los españoles.

Pero jamás claudicó en su ideal redentor, en su condición de combatiente por la libertad. Murió el domingo 19 de enero de 1914, hace 112 años, en ciudad de La Habana, querida y admirada por su pueblo.

LA ABANDERADA

Durante el proceso conspirativo de 1868, Canducha Figueredo apoyó cada una de las acciones de su queridísimo padre. El14 de agosto de 1867 cuando se creó el Comité Revolucionario de Bayamo en su casa, para evitar que las discusiones se oyeran en la calle ella y su hermana Eulalia tocaban el piano.

A medida que adelantó la conjura, las hijas de Perucho reunieron en el ingenio Las Mangas medicinas y otros recursos.

Por fin, la lucha comenzó el 10 de octubre de 1868 con el grito de La Demajagua, protagonizado por Carlos Manuel de Céspedes, siendo secundado en Bayamo por Perucho Figueredo y cientos de parciales.

El alzamiento de los bayameses, uno 300, fue en el ingenio Las Mangas del Gallito bayamés, con el apoyo incondicional de su esposa Isabel Vázquez Moreno y sus hijos e hijas.

El 17 de octubre, Candelaria recibió la encomienda de su progenitor de confeccionar una bandera similar a la alzada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua. De este modo se convirtió en la abanderada de la División La Bayamesa.

El día 18 a las siete de la mañana partió el contingente insurrecto de Las Mangas, por el camino de Santa Ana para poner sitio al cuartel de infantería español en el interior de la ciudad de Bayamo, mientras el General en Jefe Céspedes atacaba otras posiciones de los colonialistas.

El asedio se extendió hasta el 20 de octubre en que capituló la guarnición enemiga. En medio del estruendo de los fusiles Candelaria Figueredo vistió traje de amazona, con gorro frigio y paseó la bandera por su pueblo natal. Una audacia tan singular, era aplaudida a su paso.

El 8 de noviembre de 1868, Canducha formó parte del coro que en el atrio de la Iglesia Parroquial cantaron oficialmente el Himno de Bayamo.

LA VIDA TRASHUMANTE DEL MAMBÍ

Cuando el pueblo de Bayamo, el 12 de enero de 1869, decidió la quema de la ciudad, Perucho Figueredo y sus hijas redujeron a cenizas su regio hogar y marcharon a la manigua insurrecta. Inicialmente se establecieron en la finca Valenzuela, al sur de Bueycito.

Después estuvieron en los montes de la región de Holguín, moviéndose de un punto a otro por las constantes persecuciones del enemigo.

El 17 de julio de 1870, encontrándose en el campamento El Mijial, bien temprano en la mañana, se escuchó un tiroteo en las mismas cercanías de las moradas mambisas. De este momento relataría la propia Canducha: “Salimos huyendo, pero la tropa nos perseguía, y después de un mes de incesante fatiga llegamos a Santa Rosa, jurisdicción de Las Tunas. A los tres días de estar allí, llegó papá con una alta fiebre que resultó ser tifus”.

El campamento de Santa Rosa fue atacado una columna española, el 12 de agosto. Era guiada por un cobarde traidor. El general Perucho Figueredo y sus hijas se internaron en el monte. Poco después Canducha salió a buscar agua de la contenida en los cupey, siendo sorprendida por el enemigo. La propia Canducha ha contado:

… le había dado a mi padre un poco de agua recogida, en una hoja, de gotas que caían de los árboles, y me disponía a llevarle más, cuando el terrible grito de ¡Alto! ¡Quién vive! ¡Viva España! hirió mis oídos. Inconsciente emprendí veloz carrera, oí un grito, ayes, y no oí nada más, pues había caído sin sentido”.

Recobró el conocimiento cuando ya era de noche, notando que estaba sola. Durante varios días deambuló por el bosque, encontrándose con una joven morena, quien le contó acerca de la prisión de toda su familia.

En los días siguientes se unió a la familia Mirabal hasta que el brigadier Pedro María de Céspedes la llevó al campamento de su tío, el coronel Miguel Figueredo. En medio del dolor tuvo un momento de satisfacción al encontrarse con sus hermanas Luz y Ángela, pues el resto estaban en poder del enemigo.

En julio de 1871 fue hecha prisionera por una columna española, siendo llevada para Manzanillo y encerrada en el fuerte Zaragoza.

EXILIO Y HOGAR

Más tarde, salió desterrada hacia Jamaica y a los pocos meses pasó a New York, Estados Unidos. Seguidamente se instaló en la ciudad de Key West, donde contrajo matrimonio el 21 de abril de 1877, con el patriota deportado Federico del Portillo y Martín de Medina, natural de Matanzas, con quien tuvo nueve hijos: Isabel, Lorenzo, Zenaida, Federico, Rosalía, Piedad, Elisa, Adriana y María Esther.

Al final de su Autobiografía, publicada en 1914, escribió: “Hoy vivo en la Habana en unión de mi numerosa familia, compuesta de mi esposo y nueve hijos; dos varones y siete hembras, de los cuales estoy muy satisfecha; y después de tantos sufrimientos llevo una vida tranquila y feliz, faltándome solamente para no tener nada que desear, ver a mi Cuba tan próspera y feliz como es el ardiente deseo de su más amante hija”.

Sin dudas, fue una heroica de la consigna corajuda: “Morir por la patria es vivir”, sembrada por su padre Perucho Figueredo en el corazón de los cubanos dignos y bravos.

FUENTES: Candelaria Figueredo: La abanderada de 1868, Candelaria Figueredo (hija de Perucho). Autobiografía (1929); Vicentina Rodríguez López de Cuesta: Patriotas cubanas (1952); Flora Mora: Candelaria Figueredo, en el exilio y en su hogar (1953); y Reneé Méndez Capote: La abanderada (2010)

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