Jesús Menéndez: la insigne voz de la clase obrera

Share Button
Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 21 enero, 2026 |
0

El 22 de enero de 1948, hace 78 años, al bajarse del tren en que viajaba hacia Manzanillo, invitado por Francisco Rosales Benítez (Paquito), destacado dirigente obrero y comunista en la ciudad costeña, Jesús Menéndez Larrondo trató ser detenido por el capitán de la Guardia Rural, Joaquín Casillas Lumpuy. El líder comunista se negó a tal proceder, alegando su condición de legislador de la Cámara de Representantes, y por tanto, el disfrute de inmunidad parlamentaria.

Mientras avanzaba buscando la puerta de salida del andén, a los 8: 30 de la noche, el asesino desenfundó su pistola de reglamento y disparó a la espalda del líder azucarero que cayó sin vida a un costado del andén.

Tres balazos habían herido su cuerpo: el primero le atravesó el pabellón de la oreja, el segundo le alcanzó en el extremo superior del hombro y el tercero le atravesó el corazón.

Prontamente, acudieron a socorrer a Menéndez sus compañeros Paquito Rosales y Manuel Quesada, quienes lo condujeron a la Casa de Socorros municipal, donde se le realizó la autopsia. Su cuerpo fue tendido en el local del sindicato Fraternidad del Puerto, en Manzanillo, donde acudió el pueblo decirle el último adiós.

De esa forma se consumaba uno de los crímenes más horrendos de la República neocolonial en Cuba. Menéndez tenía 36 años recién cumplidos.

Fue asesinado por orden del gobierno de los Estados Unidos sus su lucha sistemática por el pago del diferencial azucarero, millones de pesos endeudados los trabajadores azucareros, y por poner en peligro sus intereses en la isla.

El suceso estremeció a toda la nación. El cuerpo fue trasladado en tren hacia La Habana, recibiendo en el trayecto expresiones del cariño y el dolor del pueblo.

Su entierro constituyó una de las más grandes manifestaciones de duelo que recuerda la historia cubana, lo que hizo atemorizar al gobierno de turno y a los propios norteamericanos.

En su sepelio, Blas Roca Calderío, secretario general del Partido Socialista Popular, destacó sus más excelsas cualidades como dirigente obrero y comunista: “Menéndez, que no solamente tiene capacidad e inteligencia para ser dirigente entre todos sus compañeros, sino que además tiene decisión y coraje para marchar al frente y pelear contra todos los enemigos por los derechos colectivos”.

VIDA CONSAGRADA A LA LUCHA

Jesús Menéndez, nacido el 14 de diciembre de 1911, en Encrucijada, Las Villas, surgió de los propios campos cañeros donde sufrió en carne propia la explotación de la burguesía azucarera y su rechazo social por ser negro.

Con solo 28 años, en 1939, resultó electo delegado a la Asamblea Constituyente que elaboraría la Constitución de 1940, y fue nombrado Representante a la Cámara por el Partido Unión Revolucionaria Comunista.

Bajo su conducción se lograron varias conquistas para el movimiento obrero: establecer un fondo para el retiro de los trabajadores azucareros, el pago de horas extra, el aumento del salario y la jornada de ocho horas de trabajo. Por otra parte, fue un ferviente luchador contra el entreguismo al capital yanqui y la demagogia que pretendía sembrar la división en las filas de los trabajadores.

Hasta las mismas entrañas de Wall Street se fue Menéndez a llevar la cuestión azucarera cubana, defendiendo hasta sus últimas consecuencias los aumentos de precio para el bien del país y las demandas de los obreros, para mejorar el nivel de vida. En su defensa argumentó a los monopolistas extranjeros que sin pagar el diferencial azucarero, no habría zafra en Cuba.

En esos trajines andaba Menéndez por todo el país, cuando Washington ordenó su muerte. Sus palabras, objetivas y justas, reflejaban el clamor obrero, la lucha de los humildes y representaba un valiente alegato contra el régimen entreguista de Ramón Grau San Martín.

El 21 de enero, estuvo en el central Mabay, en el municipio de Bayamo, y al otro día, viajó al central Estrada Palma en la comarca de Manzanillo. En sus discursos continuaba levantando el espíritu de lucha de los obreros en defensa del Diferencial Azucarero y contra la rebaja de salarios

El fin de un asesino

El guardia rural José Manuel Alarcón Jiménez, acompañante de Casillas, recibió un disparo del homicida en la región temporo-parietal izquierda, con la intención de victimarlo para tratar de demostrar que había sido Menéndez quien disparó primero y que él, Casillas, había actuado en defensa propia.

El militar herido fue llevado por el propio Casillas a la clínica del Dr. Piña donde fue asistido.

En el juicio realizado seis meses después, Casillas Lumpuy fue considerado culpable, siendo defendido por el abogado José Miró Cardina. No obstante, fue condenado a 14 años de privación de libertad. Pero no cumplió la sanción, más bien se le dio la jefatura del cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo. Tras golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, fue ascendido al grado de comandante y recibió la orden al Mérito Militar de tercera clase con distintivo verde, lo cual constituía un reconocimiento a su participación en la asonada.

De nuevo fue enviado a la jefatura del cuartel Carlos Manuel de Céspedes y dirigió un batallón de lucha contra guerrillera en la Sierra Maestra, en los primeros cinco meses de la guerra. Durante la contienda continuó asesinado a revolucionarios y campesinos inocentes.

El general Batista le dio el mando de un batallón de operaciones en Las Villas y a fines de diciembre de 1958 se hallaba en la ciudad de Santa Clara, atacada y ocupada por las fuerzas del comandante Ernesto Che Guevara.

Después de la derrota de la tiranía lo descubrieron intentando huir y, al tratar de agredir a un escolta, fue ajusticiado el 2 de enero de 1959.

UN LEGADO EXTRAORDINARIO

El 22 de enero de 1963, en el aniversario 15 de su asesinato, el entonces comandante Raúl Castro Ruz, ministro de las FAR, planteaba: “Su sangre se funde con la de los primeros luchadores contra el yugo colonial español y con la de los combatientes de la última etapa de lucha contra el dominio imperialista. Se funde con el torrente de nuestra liberación, con la sangre de nuestros mambises de 1868 y 1895, con la sangre de los rebeldes de 1953 y 1956”.

Jesús Menéndez fue fiel a sus principios comunistas y entrega al bienestar de la clase obrera hasta la muerte. Su vida es un ejemplo de luchador ejemplar. Los hombres de la talla de Jesús Menéndez, firmes en sus convicciones revolucionarias, no mueren nunca, porque saben crecerse en la lucha de clases y en la defensa del proletariado.

FUENTES: Archivo del Instituto de Historia de Cuba: Causa 91/1948 (Documentación sobre Jesús Menéndez); Gaspar García Gallo: Jesús Menéndez (1978); Angelina Blaquier Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba (2005); y Enrique De La Osa: En Cuba. Primer Tiempo 1947-1952 (2008)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *