
Sesenta años han pasado de aquel 25 de enero de 1966 cuando en el estadio Latinoamericano, el derecho Tomás Aquino Abreu Águila dejó estampado en los libros de récord, una de las hazañas más difíciles de superar en torneos beisboleros cubanos, al lanzar frente al equipo de Industriales su segundo juego de cero hits cero carreras en forma consecutiva en la V Serie Nacional.
Hasta ese momento solo se conocía en campeonatos oficiales los logrados por Johnny Vander Meer quien, en 1938, vistiendo la franela de los Rojos de Cincinnati, también realizó la proeza en las Grandes Ligas.
Digo campeonatos oficiales, porque, aunque sin confirmar, en 1943, el zurdo camagüeyano Felipe Viñas se apuntó también un par de desafíos de estas características en partidos de exhibición.
Aquino, fallecido el 10 de febrero de 2023, a los 86 años, era oriundo de Loma Grande —cercano a San Fernando de Camarones—, en Cumanayagua y desde los años 70 del pasado siglo residió en Manicaragua.
El lanzador comenzó a rubricar su extraordinaria primacía el 16 de enero de 1966, cuando ocho días después de la inauguración del estadio Augusto César Sandino, protagonizó el primero de los 68 partidos de esa naturaleza que se han registrado en la pelota que se juega en el país desde el 14 de enero de 1962, al dejar sin hits ni carreras al equipo de Occidentales, en un choque que finalizó favorable a Centrales, con pizarra de 10 carreras a cero.
En su siguiente salida, dominó también por la misma vía a Industriales –que en esa serie completó su seguidilla de cuatro coronas-, en un desafío que culminó 7-0, en el estadio Latinoamericano, para concretar una página inédita.
Al cumplirse medio siglo del suceso, en enero de 2016, vía telefónica, Aquino reveló algunos pormenores de aquel encuentro que lo inmortalizó en la pelota cubana: «Empecé a calentar y pensé: Así no puedo lanzar. Miré hacia el banco para pedirle a Asdrúbal Baró que mandara a buscar a otro pitcher porque me dolía mucho el codo, pero no lo vi.
Le eché un vistazo a las gradas y estaban repletas, existía bastante expectación por el no hit no run que le había dado a Occidentales. Entonces, como era frente a Industriales en el Latino, me dije: «Qué va, a mí no me van a tildar de cobarde, que me entren a palos».
Y añadió: «Seguí calentando y en la medida en que comencé a ponerle a la bola el dolor fue desapareciendo. Salí a lanzar en el primer inning y no me batearon hit, en el segundo tampoco y en el quinto observé la pizarra y me pregunté, ¿Caballero, daré otro no hit no run más?
«Miré para el home y ahí estaba bate en manos Urbano González, el de más vista en nuestro béisbol, y en el círculo de espera se encontraba Pedro Chávez, lo que me hizo reflexionar: «A esta gente no hay quien le de cero hits cero carreras».
Los dominé en fly y roletazo a segunda, pero aún tenía dudas. Owen Blandino desde tercera me daba ánimo constantemente: «No te lo pueden dar, me gritaba».
Rememoró Aquino que hubo dos situaciones que casi frustran la materialización de la hazaña, pues en el tercero Ricardo Lazo conectó un roletazo incómodo entre la antesala y el campo corto al que Veguita Fernández le llegó y pudo forzar en la intermedia a Lázaro Martínez. El otro momento difícil fue el lance en el que Mariano Álvarez fildeó a mano limpia una conexión de Germán Águila y sacó un importante out.
Contó que cuando faltaba solamente un out para que concluyera el partido, miró el reloj, eran las 9:33 de la noche y tenía ante sí a Eulogio Osorio, un bateador zurdo, del cual no podía confiarse porque con cualquier cosa entraba en circulación, pero logró dominarlo de segunda a primera. Todos corrieron a felicitarlo, entre ellos José Llanusa Gobel, primer presidente del Inder.
Este último le explicó que estaba en una reunión con Fidel y cuando el juego iba por el octavo inning, 7 a 0, le dijo al Comandante en Jefe: «Le pido permiso para retirarme porque Aquino está dando el segundo no hit no run y quiero ser el primero en felicitarlo».
Luego me comentó que en ese instante no sabía que era el segundo en el mundo que realizaba la hazaña, fue Llanusa, el que le dijo que en la llamada Gran Carpa, Johnny Vander Meer, lo había hecho.
«Me pidió que nos tiráramos una foto que es esa en la que aparezco alzando dos dedos, indicando con el gesto que era el segundo que lo hacía en la pelota mundial organizada», afirmó Abreu.
En su siguiente presentación Aquino abrió contra Occidentales y en el cuarto capítulo Pedro Antón le disparó doblete, empezó a llover, suspendieron el partido y no resultó válido porque aún no había llegado al quinto.
Posteriormente subió la lomita frente a Granjeros y en el segundo episodio Rolando Gallego Valdés le rompió la cadena de entradas sin permitir hits que se extendió a diecinueve. Ese día explotó, le ligaron seis inatrapables en cuatro innings.
Desde entonces han transcurrido seis décadas y todo parece indicar que esa primacía perdurará por unos cuántos años más.
