
Eduardo Brizuela Pérez es un apasionado de la música, un legado que nació de sus raíces familiares. Se graduó de trombón en la Escuela de Superación Manuel Navarro, en Manzanillo, y ostenta un título como tocador del acordeón.
“Mi papá era carpintero albañil, amante de la trova y cantaba. Construyó mi primera guitarra y me hacía micrófonos de palo. Así aprendí a tocar y a cantar jugando con los niños del barrio”, recuerda Eduardito, como cariñosamente lo conocen en su pueblo.
La influencia familiar fue fundamental en su decisión de dedicarse a la música: “Me gusta lo que hago, mi pasión es cantar. El arte nos viene de siempre, así que era evidente que continuaría por ese camino”, además de los valores que le inculcaron.
“No dejar nada para después si lo puedes hacer ahora, son principios que me han acompañado. Es muy difícil, pero uno saca tiempo para todo”, dice, con determinación.
Fuera de la música tiene pasiones que lo complementan: “Me gusta pasar tiempo con mi familia, disfruto mucho de leer, ver la televisión y escribir”, revela, y enuncia a Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez entre sus escritores preferidos.
Comenzó su formación musical formalmente en la Casa de la Cultura de Yara, donde estudió armonía y adquirió conocimiento sobre el acordeón.
En este camino ha tenido mentores significativos, entre ellos, los maestros Cándido Fabré y Wilfredo Pachi Naranjo, quienes han dejado huella en su desarrollo artístico.
Su trayectoria profesional comenzó rápidamente después de graduarse, en la orquesta Yamará, de Yara, en la que tocó el trombón hasta el 2012.
“Años después comencé a dar pequeños conciertos en el pueblo. Contacté con varios amigos que tocaban diferentes instrumentos musicales y, en una presentación de fiesta de 15 años, al público le gustó el ritmo de las canciones, lo disfrutó y se divirtió; y de ahí nace la orquesta Brizuela y su Banda Caliente”.
EL ARTE DE COMPONER
“Soy el compositor de la agrupación. Me inspiro en situaciones de la vida, hechos reales y frases de los vecinos; las anoto, hago el estribillo y escribo la canción”.
Inspirado en un amigo crea la canción que más le gusta al público. El que pueda que lo haga fue el tema con que se dio a conocer, “y donde hay un cubano se baila con esa letra”, asegura.
“Gracias a mi amigo Ricardo Pérez que, pasado de tragos en un cumpleaños, no dejaba de repetir esas palabras, las tomé como estribillo y empecé a cantarla tocando con mi acordeón”, recuerda.
Recientemente, Eduardo tuvo la oportunidad de cumplir uno de sus sueños: componer una canción con el maestro Cándido Fabré. “Ese logro es el que más me ha emocionado”, refiere y adelanta que es una mezcla de varios ritmos.
Sobre su visión acerca del éxito, contestó: “Es algo que -a veces- llega luego de mucho esfuerzo y trabajo. El verdadero éxito puede medirse por el nivel de satisfacción y bienestar que una persona experimenta”.
A pesar de su apretada agenda, encuentra momentos para relajarse: “Me gusta el café y sentarme para relajarme un rato después del trabajo”, descubre.
“También disfruto las Parrandas de Polaco (amigo que siempre celebraba tres días de fiestas), cosas así que le permitan a uno oxigenarse de tanto trabajo”, expresa con una sonrisa.
Eduardo Brizuela apuesta por seguir inspirando a quienes lo rodean, porque como expresó el músico argentino Astor Piazzolla: “La música es el arte más directo, entra por el oído y va directo al corazón”.
