Una orden ejecutiva publicada por la Casa Blanca el 29 de enero y firmada por el mandatario republicano declara una “emergencia nacional” respecto a Cuba y anuncia que impondrá tarifas a los que desafíen y proporcionen petróleo a la mayor isla del Caribe.
Para el activista Mark Friedman, tal orden de Trump constituye una grave violación a la soberanía de Cuba y un acto marcadamente extraterritorial.
En declaraciones a Prensa Latina, Friedman, miembro del Comité ‘Manos Fuera de Cuba’ de Los Ángeles, dijo que esto refuerza aún más el bloqueo de larga data impuesto a la nación antillana. “No se trata solo del petróleo, a Cuba le han prohibido el comercio con el mundo hace más de 60 años a causa del más prolongado cerco contra una nación”.
Friedman, integrante también de la Asociación Internacional de Maquinistas Local 1484, opinó que esta agresividad de Washington “ocurre tras la violación de la soberanía venezolana y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el 3 de enero”.
El Gobierno de Estados Unidos intervino en Venezuela para apropiarse de sus recursos petroleros, pero además “atacar a Cuba y destruir su Revolución, un propósito en el que no han dejado de pensar desde el mismo 1 de enero de 1959”, argumentó.
Quienes formamos parte del Comité ‘Manos fuera de Cuba’ de Los Ángeles y de los comités y ciudades afiliadas en todo el país -acotó Friedman- estamos observando cómo está organizado y se prepara el pueblo cubano para defender cada pedazo de su patria.
Víctor Coronado, del colectivo Anticonquista, coincidió con Friedman en que la orden ejecutiva de Trump es el más reciente intento de destruir la Revolución cubana y socavar su soberanía. “La administración Trump ignora abiertamente el derecho y las normas internacionales”, subrayó a esta agencia informativa.
El decreto presidencial “da continuidad a una larga historia de terrorismo económico contra el pueblo cubano”, agregó Coronado al expresar que “Cuba ha manifestado reiteradamente su disposición a resolver las controversias con Estados Unidos, siempre que las conversaciones se desarrollen en igualdad de condiciones con respeto mutuo”.
A juicio suyo, la comunidad internacional debe hacer más para exigir responsabilidades a Estados Unidos, porque “el diálogo, la paz y la diplomacia son las únicas herramientas que pueden resolver las diferencias entre las naciones”, puntualizó.
Para el integrante de Anticonquista, un colectivo de medios antimperialista, “las amenazas, las sanciones y la intimidación, no lograrán nada”.
¿CUBA, UNA AMENAZA?
La Habana ha expresado de forma reiterada que Cuba no es un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Sin embargo, la orden ejecutiva plantea que “las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a Estados Unidos”.
Basado en esas historias fabricadas, la orden asegura que “la situación con respecto a Cuba representa una amenaza inusual y extraordinaria” contra la seguridad nacional y la política exterior de este país y en ese contexto el presidente Trump levantó su pluma: “Declaro una emergencia nacional con respecto a esa amenaza”.
Para hacerle frente, Trump estimó que sería “necesario y apropiado” establecer un sistema de aranceles contra los productos de los países que proporcionen “directa o indirectamente” cualquier tipo de petróleo a Cuba.
Desde el ataque a gran escala ordenado por Trump contra Venezuela, la retórica del mandatario ha sido cada vez más agresiva contra la isla.
Durante una comparecencia el 28 de enero ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado Marco Rubio, a quien se considera uno de los arquitectos de la política anticubana en Washington, afirmó que Estados Unidos no trata de forzar un cambio de régimen en Cuba, aunque confesó que le gustaría verlo.
Medea Benjamin, cofundadora de la organización pacifista Codepink, advirtió que llamar a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos es una broma cruel.
“Negarle a Cuba el derecho a importar petróleo es una forma de castigo colectivo, lo cual viola el Derecho Internacional Humanitario”, recalcó.
En una publicación en la red social X, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, condenó en los términos más firmes la nueva escalada de Estados Unidos contra la isla.
“Ahora se propone imponer un bloqueo total a los suministros de combustible a nuestro país”, escribió. Para justificarlo, se apoya en una larga lista de mentiras que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es, insistió Rodríguez.
El ministro de Relaciones Exteriores denunció que cada día hay nuevas evidencias de que la única amenaza a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región, y la única influencia maligna es la que ejerce el Gobierno de Estados Unidos contra las naciones y los pueblos de Nuestra América, “a los que intenta someter a su dictado, despojar de sus recursos, mutilar su soberanía y privar de su independencia”.
En su primer mandato (2017-2021), Trump implementó más de 300 medidas para arreciar el cerco unilateral contra la isla.

