Historias en mármol

Share Button
Por Aliana Fundichely Casales (Estudiante de Periodismo) | 17 febrero, 2026 |
0
FOTO/Aliana Fundichely Casales (Estudiante de Periodismo)

Para Julio Antonio Verdecia Ramos, el mármol es un lienzo en blanco, listo para ser moldeado. Durante años ayudó a transformar bloques fríos en esculturas que reflejaban años de experiencia, paciencia y amor por este oficio, desde que descubrió el rigor como operario en la Unidad Básica (UEB) Artesanía y Piezas Especiales del mármol Pepín Vázquez, de Bayamo.

Muchos trabajos se incluyen en la lista, como las barras de mármol negro en el hotel de  Río de Oro en Guardalavaca,  o en el cayo Santa María y en Varadero. Además, la primera escalera de balaustrada que existió en Cuba se hizo en el período especial gracias a él y otros marmoleros.

No solo se destacó en obras del turismo, sino también en monumentos y panteones de este país: “El monumento de los restos del Che en Santa Clara se hizo a base de una pieza que mis compañeros y yo inventamos porque no teníamos la tecnología. Fue con un mármol gris que se sacó de la Isla de la Juventud. Por la tarde puede verse cómo el reflejo de la luz da un pequeño brillo”, precisó.

-¿Qué llegaba antes, la idea para después encajar los materiales o los materiales para conformarla?

– A diferencia del resto de las construcciones, para trabajar con el mármol, debes saber cuál tipo es el que quieres usar, cada uno tiene sus características. Depende de la cantidad de materiales es que podía conformar esa idea”.

-¿Le resultó compleja alguna pieza?

“Recuerdo mi etapa como delegado al  X Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Alemania, cuando se seleccionaban los mejores trabajos y el logotipo representativo, lo que jamás pensé que podía tallar una flor muy grande con su tallo. Al final lo logramos.

“Otro momento no olvidado fue cuando el Comandante Juan Almeida Bosque, trajo trece piezas de Guatemala. Le dije: “Comandante, si yo pudiera tener una de ellas, me dijo: estudia el plano, si te queda una, es tuya.  Con el material sobrante formé un buró casi circular para el Departamento Comercial y la señalización marmórea en el monolito de Santa Ifigenia donde reposan los restos del Comandante, ese pedacito que dice Fidel”.

Si no fuera marmolero, ¿qué le hubiera gustado ser?

-Quise ser médico, llega el servicio militar y no terminé los estudios, sin embargo mis hijos materializaron mis sueños de juventud, por eso soy dichoso”.

-¿Cómo cree que cambió la percepción del mármol?

-Llevo nueve años jubilado y pienso que este material es muy codiciado, ahora su uso es más racional. Hubo un tiempo en este país en que fue regulado”.

“Hemos minimizado su importancia. Para mí es una mina de oro. A diferencia de la caña o el ganado, el mármol natural, no lo tienes que sembrar. ¿Por qué voy a hacer uso indebido de lo que la naturaleza puso en mis manos?, lo tengo que aprovechar”

-¿De qué manera contribuyó ese trabajo en su forja como ser humano?

“La formación que tengo la adquirí en el mármol. Mi trabajo fue mi orgullo, me dio la posibilidad de ser quién soy y de conocer al pueblo cubano. Me enseñó a conocer la vida. Me considero un marmolero afortunado. Lo más difícil lo logré: querer para que te quieran. A mí me gusta decir la verdad, soy muy cariñoso, delicado y tratable.

“Quiero dejar claro un postulado de vida: no quiero que me pregunten: en qué lugar de mi corazón tengo al mármol”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *