Un reemsamblaje imperialista cálidamente aplaudido por las élites europeas

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Por Cubadebate | 17 febrero, 2026 |
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Marco Rubio, Secretario de Estado norteamericano en Munich. Foto: José Ernesto Nováez Guerrero/ Facebook

El discurso del Secretario de Estado norteamericano en Munich resulta sumamente interesante para dar un vistazo en la “trastienda teórica” de aquellos que detentan el poder del gigantesco aparato político y militar en Estados Unidos hoy.

Ya varios analistas han señalado numerosas aristas de este discurso, coincidiendo la gran mayoría de ellos en que asistimos a un reemsamblaje imperialista cálidamente aplaudido por las élites europeas.

En medio de las tensiones a ambos lados del Atlántico, por Groenlandia y otros asuntos que han puesto a prueba incluso la articulación interna de la OTAN, Rubio llega con un discurso que parece diseñado a tender puentes, limar asperezas e invitar a los europeos a seguir siendo el vagón de cola del proyecto imperial norteamericano. Solo que ahora el nuevo maquinista impone otros rumbos, ritmos y prioridades. La petición para Europa es simple: serán beneficiarios del nuevo rumbo, pero deben ser una retaguardia obediente.

Rubio lo dijo claramente:

“Bajo la presidencia de Trump, los Estados Unidos de América volverán a asumir la tarea de renovación y restauración, impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, soberano y vital como el pasado de nuestra civilización. Y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, nuestra preferencia y nuestra esperanza es hacerlo junto con ustedes, nuestros amigos aquí en Europa”.

Quisiera señalar varios aspectos que resultan sumamente interesantes en este discurso, como complemento a otros análisis muy lúcidos.

El primero es que el Secretario de Estado retoma una perspectiva civilizatoria para definir el proceso de reajuste imperialista en curso. Le recuerda a Europa la grandeza de la civilización occidental y prácticamente reafirma el papel, autoasignado violentamente, de esta civilización como rectora del destino global.

Al respecto afirma:

“Formamos parte de una misma civilización: la civilización occidental. Estamos unidos por los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado”.

Y más adelante añade:

“Fue aquí, en Europa, donde nacieron las ideas que sembraron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo. Fue aquí, en Europa, donde …el mundo… que dio al mundo el Estado de derecho, las universidades y la revolución científica. Fue este continente el que produjo el genio de Mozart y Beethoven, de Dante y Shakespeare, de Miguel Ángel y Da Vinci, de los Beatles y los Rolling Stones. Y este es el lugar donde las bóvedas de la Capilla Sixtina y las altísimas agujas de la gran catedral de Colonia no solo dan testimonio de la grandeza de nuestro pasado o de la fe en Dios que inspiró estas maravillas. También presagian las maravillas que nos esperan en el futuro. Pero solo si nos sentimos orgullosos de nuestro patrimonio y de esta herencia común podremos comenzar juntos la labor de imaginar y dar forma a nuestro futuro económico y político”.

Otro elemento que quiero resaltar es el rechazo abierto al neoliberalismo económico y sus prácticas, lo cual evidencia el retorno a un proyecto nacionalista y un proteccionismo agresivo.

En sus palabras:

“La desindustrialización no era inevitable. Fue una elección política consciente, una iniciativa económica que duró décadas y que despojó a nuestras naciones de su riqueza, su capacidad productiva y su independencia. Y la pérdida de la soberanía de nuestra cadena de suministro no fue consecuencia de un sistema de comercio mundial próspero y saludable. Fue una tontería. Fue una transformación tonta, pero voluntaria, de nuestra economía que nos dejó dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades y peligrosamente vulnerables a las crisis”.

También es interesante el cuestionamiento del orden internacional vigente y su sistema de instituciones. Además de cuestionar a la ONU por no evitar un grupo de cuestiones, obviando por supuesto otras, como el prolongado genocidio palestino, Rubio apunta:

“En un mundo perfecto, todos estos problemas y muchos más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones enérgicamente formuladas. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos infringen habitualmente”.

Y concluyo con este otro fragmento, de loa al colonialismo europeo y al nuevo proyecto imperial:

“Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados y sus exploradores salieron de sus costas para cruzar océanos, establecerse en nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el globo.

“Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, estaba entrando en declive. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía tras un telón de acero y el resto parecía que pronto seguiría sus pasos. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por las revoluciones comunistas ateas y los levantamientos anticolonialistas que transformarían el mundo y cubrirían con la hoz y el martillo rojos vastas extensiones del mapa en los años siguientes.

“En ese contexto, entonces como ahora, muchos llegaron a creer que la era de dominio occidental había llegado a su fin y que nuestro futuro estaba destinado a ser un eco débil y fugaz de nuestro pasado. Pero juntos, nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección, y fue una elección que se negaron a tomar. Esto es lo que hicimos juntos una vez, y esto es lo que el presidente Trump y Estados Unidos quieren hacer de nuevo ahora, junto con ustedes.

Concluyo con una alerta para todas y todos: la convicción de la superioridad de una cultura o raza; el rechazo del multilateralismo y el intento de suplantarlo por algo que se le parezca, pero que sea realmente una herramienta al servicio de un estado o conjunto limitado de estados; el rearme del nacionalismo y la convicción de una misión superior, casi sagrada, que debe encarnar una nación o conjunto de naciones; todo esto son anuncios de que viejos monstruos, que creíamos cosa del pasado, solo estaban dormidos.

Y vuelven como herramientas ideológicas al servicio de la hegemonía imperial.

Más que una acusación, estas líneas pretenden ser una alerta contra lógicas que considero sumamente peligrosas.

En los viejos planisferios, los cartógragos solían llenar aquellas partes del mundo aún desconocidas con la leyenda “Aquí moran los dragones”. Ese monstruo era el símbolo de la incertidumbre. A través de la historia hemos aprendido que esos monstruos realmente no habitaban tierras desconocidas, sino que eran parte de nuestra civilización humana.

Aunque suene trillado, recuerdo en esta hora la sabia advertencia que hiciera un revolucionario de Cerdeña desde el corazón de las mazmorras del fascimo italiano, quizás no la versión más exacta de sus palabras, pero si la más poética:

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

(Tomado del perfil de Facebook del autor) 

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