
Pocas estrategias son tan sutiles, y a la vez tan efectivas, como la fabricación sistemática de la duda. Lejos de ser un subproducto accidental de la compleja era de la información, la duda se ha convertido en un producto manufacturado en laboratorios de Relaciones Públicas y think tanks, con un objetivo muy claro: paralizar la acción y erosionar la confianza.
Una mirada al universo informativo de los días que corren nos permite apreciar la masiva utilización de esta herramienta contra Cuba y Venezuela, sobre todo en las redes sociales, con todo su poder de adicción.
Cuando hablamos de «fabricar la duda», no nos referimos al escepticismo sano, ese motor del pensamiento crítico que nos impulsa a preguntar y a investigar más. Hablamos del recelo inducido, que busca equiparar, en la mente del público, un hecho probado con una mera opinión.
La ciencia no es un cuerpo de dogmas inmutables, es cautelosa y trabaja con grados de probabilidad y márgenes de error. Los «fabricantes de duda» explotan esta característica. Toman un pequeño debate entre expertos sobre un detalle específico y lo inflan hasta hacerlo parecer un colapso total del consenso.
Otro elemento es la creación de falsos expertos, o sea, el arte de dar altavoz a elementos marginales que contradicen un consenso mayoritario. Se les dota de los mismos honores y tiempo de exposición que a los expertos reales, creando una falsa percepción de equilibrio periodístico.
A esto se suma la selección interesada de datos (cherry picking): se saca de contexto un dato aislado que parece contradecir la abrumadora evidencia, y se presenta como la prueba definitiva que desmonta todo el entramado científico.
Por otro lado, se apela a la emoción y a la identidad, el mensaje rara vez apela a la razón, sino a las emociones y a la identidad cultural o política.
La estrategia es simple: «Ellos, el gobierno, quieren engañarte o controlarte. Nosotros te damos la libertad de dudar». De esta manera, aceptar la evidencia se convierte en un acto de sumisión a un poder corrupto, mientras que dudar se transforma en un acto de rebeldía. La duda ya no es sobre el hecho en sí, sino sobre la autoridad que lo presenta.
¿Cuál es el producto final? Si logras que una población dude de la integridad de un sistema electoral, deslegitimarás sus resultados; si duda de la lealtad y transparencia de un gobierno, no lo apoyará. El objetivo no es que la gente crea en una mentira alternativa, sino que simplemente deje de creer en cualquier verdad.
Un titular que siembra incertidumbres sobre un consenso político vende más que uno que lo reafirma. Nos referimos, en esencia, a la herramienta ideal para desmantelar los consensos sobre los que se construyen las políticas públicas y la confianza interpersonal.
El reto de nuestra sociedad no es solo discernir lo verdadero de lo falso, sino entender cómo y por qué se construye la desconfianza, que nos impide actuar colectivamente ante los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Fuente: Merchants of Doubt (2010) de Naomi Oreskes y Erik M. Conway. Revista Science (2023).
