Seis horas devolviéndole la vida a un niño

Share Button
Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 21 febrero, 2026 |
0
FOTO/ Cortesía del Minsap

A veces la medicina parece un sueño. No por ingenuidad, sino por asombro. Asombro ante la precisión, la coordinación y la ética que se activan cuando una vida —sobre todo la de un niño— no puede esperar.

Hace unas horas, en La Habana, ese asombro tuvo nombre propio: un niño de 11 años, llegado desde Las Tunas, con diagnóstico de un tumor de la región selar, invasivo, extendido a la base del cráneo, con compromiso del seno esfenoidal y el clivus. Un tumor complejo.

El escenario estuvo perfectamente engranado: el salón de operaciones del Instituto de Neurología y Neurocirugía, con profesionales de esta institución y del hospital pediátrico Juan Manuel Márquez.

La decisión fue clara: abordaje endonasal endoscópico extendido a la base del cráneo, mínimamente invasivo, con neuronavegación, neuromonitoreo y anatomía patológica transoperatoria. En el quirófano, el tiempo se volvió denso.

Como rito y responsabilidad, al comenzar la cirugía se activó el código de paciente seguro. El inicio lo marcó la voz del Dr. Orestes, director del Instituto de Neurología y Neurocirugía:

—“Vamos a comenzar. ¿Qué hora es? Díganme el nombre del paciente y cuál es el diagnóstico”.

Allí se operan los casos más complejos del país: adultos y niños con patologías complejas del Sistema Nervioso Central, con buena evolución hasta el momento, no solo de la base del cráneo, sino también de la cirugía más difícil y compleja que realiza un neurocirujano: los tumores de la región pineal. Todo ello es posible gracias a la tecnología instalada.

En esta intervención participaron los anestesiólogos Dr. Misiel, jefe de la Unidad Quirúrgica, la Dra. Lisbeth y el Dr. Meiver; las neurocirujanas Dra. Lismary, jefa del servicio del INN, y Dra. Miriela, jefa del servicio de Neurocirugía del Juan Manuel Márquez; junto al Dr. Carlos Urbina, neurocirujano nicaragüense que realiza un fellowship en cirugía mínimamente invasiva.

Y enfermeras, técnicos, personal de apoyo: una cadena humana que rara vez sale en las fotos, pero sin la cual nada ocurre. Fue el resultado del esfuerzo de mucha gente haciendo lo que sabe hacer aunque en circunstancias cada día más difíciles, como la falta de transporte por ejemplo, que les obliga a madrugar mucho para ir a salvar una vida.

Al concluir, ocurrió lo esencial: el niño salió del salón extubado. Lo esperaba el intensivista pediátrico en el propio quirófano. La ambulancia del SIUM Nacional llegó según la planificación. Traslado inmediato a la terapia intensiva del Juan Manuel Márquez. Todo funcionó.

El niño, además, presentaba trastornos visuales, y ayer refería que veía mejor.

La medicina cubana no niega la escasez: la enfrenta, prioriza y decide. Por eso, cuando parecía un sueño, no era evasión. Era contraste. Frente a quienes reducen a Cuba a la carencia, una familia vio salir a su hijo tras seis horas reales, densas, exhaustas, de cirugía de base de cráneo.

No fue una épica de quirófano. Fue trabajo. Fue rigor.

No para “devolverle la vida”, sino para defenderla desde la ciencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *