
Aquel guerrero indomable, de raíz española, que en 1873 sobrevivió al devastador incendio de la ciudad, avizora su esplendor desde su sitio fundacional: calle Antonio Maceo 111, entre Martí y Donato Mármol, en el corazón de Bayamo.
LA HISTORIA
Reflejo de las principales corrientes artísticas de su tiempo, asumió la primera renovación a principios del siglo XX, colmado de elementos neoclásicos que evocaban un aire de elegancia y formalidad.
A mediados del mismo período el estilo Art Nouveau impregnó sus paredes con un toque más libre y fluido. Finalmente, en la segunda mitad de ese periodo, el Modernismo hizo su entrada triunfal al local, mezclando formas tradicionales con nuevas innovaciones.
A partir de 1990, el inmueble encontró su vocación definitiva al convertirse en la Casa de la Trova, donde la música cubana respira con el alma viva de la cultura local, fortalece la conexión de la comunidad con su pasado y su futuro, al tiempo que se asocia con el movimiento musical que ha dado voz a las pasiones y sentimientos del cubano.
En su interior, el eco de las guitarras y los trovadores, consagrados y emergentes, crean una atmósfera mágica que atrapa a quienes cruzan sus puertas.
ARPEGIOS
La Casa de la Trova se estableció con ese nombre en 1990: símbolo de evolución del género trovero, punto de encuentro para músicos, poetas y amantes de la creación artística, ideal para talleres presentaciones y actividades que promuevan la tradición, ante la vorágine de la modernización y el desarrollo urbano.
Este inmueble colonial no es solo piedra y mortero; es un testimonio vivo de la resistencia cultural de la comunidad ante el cambio inexorable.
¿Qué pasaría si este espacio, además de ser un refugio para el arte, también pudiera sumergirse en la profundidad de la educación musical y la cultura cubanas?
La preservación de este espacio representa una lucha por mantener vivas las tradiciones y legados que nos definen, asegurando que futuras generaciones tengan acceso a sus raíces.
En este contexto, la construcción misma se convierte en un hito del patrimonio arquitectónico y cultural de Bayamo, un legado que invita a celebrar, recordar y, sobre todo, vivir la esencia de una nación rica en matices y sonidos.
