En Sabanilla del Encomendador, provincia Matanzas nace el 12 de julio de 1854, el insigne patriota y periodista Juan Gualberto Gómez, luchador incansable por la independencia de Cuba y contra la discriminación racial.
Nació libre desde un vientre esclavo, gracias al sacrificio y la voluntad de sus padres.
Con diez años de edad cumplidos ya sabía leer y escribir, eso le permitió que cuando se traslada a La Habana en unión de sus padres pueda matricular en el mejor colegio para negros que existía en la capital: “Nuestra señora de los Desamparados”, de Antonio Medina, notabilísimo maestro “de color”.
Sus padres lo envían a París para estudiar carruajero. En su estirpe lleva implícito el abolicionismo de la esclavitud, pero allí asimila otra posición ideológica: el independentismo, que lo encuentra con la presencia del vicepresidente de la República en Armas de Cuba, Francisco Vicente Aguilera quien anda en viaje de recaudación de fondos, para destinarlos al envío de una gran expedición a la Isla. Tal propósito fracasó.
A finales de 1874 retornó a La Habana donde conoció a José Martí. A partir de entonces surge una fuerte amistad fundada en ideales compartidos que estrecharía la simpatía y uniría la acción revolucionaria de ambos, por lo que es considerado el hombre de confianza de José Martí para organizar dentro de la Isla la llamada Guerra Necesaria que comenzó en febrero de 1895.
El 24 de febrero de 1895 participó en el frustrado intento del alzamiento de Ibarra, en Matanzas. Esto le valió ser condenado a 20 años de prisión en los calabozos de Ceuta y Valencia.
Tres años después (1898) cuando se constituye el gobierno autónomo español en Cuba fue puesto en libertad y encaminó sus pasos a Nueva York.
José Martí acostumbraba a decir que Juan Gualberto “quiere a Cuba con ese amor de vida y muerte, y aquella chispa heroica con que la ha de amar en estos días de prueba, quien la ame de veras. Él tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado”.
Tal era la confianza y lealtad depositada en él que José Martí lo califica como su “hermano negro”.
Se inició en el periodismo haciendo colaboraciones en diarios de Francia. Al volver a Cuba funda el periódico La Fraternidad (1879), para orientar ideológicamente a sus compatriotas de piel oscura cuya publicación se interrumpe al ser deportado.
Escribió para los periódicos madrileños El Abolicionista, donde ocupó la jefatura de redacción, La Tribuna, donde llegó a ser director, El Pueblo y El Progreso. Fue al propio tiempo corresponsal en España del habanero La Lucha.
Regresó a Cuba en 1890 y ese mismo año reanuda la publicación La Fraternidad, pero sus ideas separatistas provocan la clausura del periódico y su encarcelamiento durante ocho meses.
Además de gran polemista y orador, fue el más importante líder defensor que ha tenido la raza negra en Cuba. Se destacó como un gran defensor de los obreros.
Fue el primer gran ideólogo independentista y antimperialista de tez oscura que se propuso atacar la discriminación racial por vía del discurso y la educación persistente, para organizar a sus compatriotas negros y mulatos.
La salud de Juan Gualberto comienza a decaer a causa de un edema pulmonar, careciendo a veces de lo más necesario para vivir, pero aun así tuvo dignidad para rechazar los dos mil pesos que el Asno con Garras, Gerardo Machado, un gobernante entreguista y deshonesto que denigraba la dignidad de los cubanos.
Lejos de renunciar a sus principios, el viejo patricio aprovechó la ocasión para decirle al dictador en su cara que aceptaba la Orden de sus manos porque los honores no se pedían ni se rechazaban, pero que nadie se llamara a engaño: “No tengo esta noche ideas distintas a las que tenía ayer […] porque el Juan Gualberto con Cruz es el mismo Juan Gualberto sin Cruz”.
Al finalizar el dominio español en Cuba en 1898, viaja a los Estados Unidos, donde cooperó con el Partido Revolucionario Cubano y ese mismo año regresa a la patria ya de manera definitiva.
Después de la intervención estadounidense en Cuba su prestigio hizo que lo eligieran delegado a la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana, abierta el 24 de octubre de 1898.
El 15 de septiembre de 1900 resultó electo delegado, por Oriente, a la Asamblea Constituyente, en la cual combatió a la Enmienda Platt.
Su pensamiento estuvo siempre identificado con la idea de crear una república soberana “con todos y para el bien de todos”.
Su deceso fue el 5 de marzo de 1933 en La Habana en su fría y estrecha casa de madera ante un numeroso público que fue a rendirle honores al que nunca le faltó a los verdaderos valores de un hombre de carácter recio y de trato refinado.
