La valiosa contribución de los fitosanitarios destaca en la producción de alimentos, en especial cuando este 17 de julio se celebra su día, en la Mayor de las Antillas.
Lo caracteriza la entrega y profesionalidad en la lucha contra plagas, enfermedades en las plantas y en ayudar a minimizar la utilización de los productos químicos en la agricultura.
Cuidar de la salud de los cultivos agrícolas es una tarea que va más allá de la responsabilidad, las buenas prácticas y los deseos de los productores individuales o estatales, pues en esa gestión a los fitosanitarios le corresponde un decisivo rol.
La prevención de enfermedades, hongos y plagas de insectos dañinos en plantaciones tabacaleras y de cultivos varios; también en las siembras del frijol fasciolo, muy perjudicado por el Megalurothrips usitatus o trip de la flor.
Igualmente como especialistas capacitan a los tenentes de tierra, en relación con la amplia entomofauna existente en Cuba y enseñan a disminuir las poblaciones de los que perjudican los cultivos con el empleo de especies benéficas, muchas de las cuales se reproducen en los laboratorios de Sanidad Vegetal.
Asimismo, realizan acciones prácticas para el control biológico, la instalación de trampas de colores, a la vez que se empeñan en la vigilancia de las plantas exóticas invasoras para evitar su propagación en áreas cultivables.
Lograr sembrados sanos es posible; incluso, sin el uso de productos químicos, deficitarios hoy en el país y con tendencia al desuso, porque cada vez crece el interés por la agricultura ecológica, que redunda en mayor calidad de los alimentos y la protección del entorno.
La labor de los fitosanitarios es de reconocimiento permanente y en especial el 17 de julio de cada año, ya que en fecha similar -de 1884- nació Patricio Cardín Peñarredonda, primer entomólogo agrícola cubano, y uno de los iniciadores de la Sanidad Vegetal en el territorio.
