
Luego de su inauguración, este jueves, en el Parque Central de Pilón, la edición XXXVI del Festival Al Sur está la poesía llegó a asentamientos alejados de la cabecera municipal, con la participación de 14 poetas invitados de Granma.
Como cada año, se depositó una ofrenda floral en el panteón de Sixto Juan Rodríguez, fundador y defensor de este evento, único de su tipo en el país.
Durante la jornada inaugural se visitó varias comunidades, se realizó la peña del Grupo Sur y tuvo lugar un conversatorio sobre las proyecciones del Festival.
En el barrio de Calabaza, Iván González Gutiérrez, delegado de la circunscripción, valoró la importancia de acoger el encuentro en medio del actual contexto socioeconómico.
González Gutiérrez explicó que, tras conocerse que la comunidad sería sede de una de las actividades, un grupo de vecinos se movilizó para acondicionar el espacio. “Contamos con los poetas de Al Sur…, lo cual demuestra que, cuando se quiere, se puede”, afirmó.
Además, resaltó la respuesta del barrio para adecuar las áreas destinadas a la actividad, en una comunidad considerada vulnerable.
La relevancia de este intercambio también fue reconocida por los vecinos. Magaly Rosabal González, distinguida por su constante contribución al desarrollo social y cultural de la zona, agradeció el reconocimiento: “Es un orgullo. No es solamente mío, sino también de mi familia, que tiene un poeta en el Grupo Sur: mi hermano Gabriel Darío”.
Por su parte, los creadores constataron la receptividad del público. Para la escritora Camila Alejandra Leyva Infante, quien participa por primera vez en el Festival, la visita a Calabaza superó todas sus expectativas.
“Ha sido una experiencia maravillosa, porque uno espera que, con todo lo que estamos viviendo, las personas se hayan vuelto insensibles; pero ocurre todo lo contrario”, expresó Leyva Infante.
“Nos acogieron cálidamente y encontramos a muchas personas interesadas en lo que hacemos”, agregó la joven, al destacar las muestras de gratitud recibidas.
La extensión de esta cita a las comunidades periféricas responde a un esfuerzo articulado entre las instituciones del territorio y los propios artistas, y reafirma la capacidad integradora de la poesía, así como el compromiso con los públicos más alejados.
