Oficio de narrador

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 3 noviembre, 2026 |
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FOTO CORTESIA DEL ENTREVISTADO

Delis Gamboa Cobiella nació con una historia entre los labios; narrador y poeta desde casi siempre, lleva consigo la certeza de que la literatura no es adorno ni refugio cómodo, sino una fuerza capaz de transformar la realidad.

Nació en Guisa (1976), pero fue en Jiguaní donde comenzó a arder su vocación literaria, desde 1989. Allí, un grupo de amigos decidió reunirse, estudiar y escribir. No tenían grandes recursos ni demasiadas oportunidades, pero sí la voluntad de desafiar lo que Delis llama “los esquemas de la fatalidad geográfica”.

El lugar de encuentro fue una tintorería donde trabajaba como custodio, aunque nunca llegó a ejercer el oficio para el que se había graduado: Técnico de nivel medio en Mantenimiento Eléctrico Industrial.

Entre turnos y conversaciones, comenzaron a reunirse algunos jóvenes interesados en la literatura. De aquellas tertulias nació el grupo de Narrativa Hacedor.

“Se trata de un colectivo de amigos que decidió romper con el silencio: estudiar, prepararse, escribir en serio y romper con los esquemas de la fatalidad geográfica. Queríamos ser escritores”, recuerda.

La frase revela el espíritu de una generación que no esperó a que las circunstancias cambiaran. Sus integrantes comprendieron que, para convertirse en escritores, primero debían crear el espacio donde esa aspiración pudiera existir. Así, la tintorería se transformó en una especie de taller clandestino de la imaginación: un sitio para leer, discutir, corregir textos y sostener el sueño común de escribir.

Antes de que llegaran los reconocimientos, Delis fue bibliotecario en los poblados jiguaniseros de Minas Harlem y Santa Rita. Más tarde obtuvo una plaza como instructor de literatura en la Casa de Cultura de Jiguaní. En esos trabajos encontró no solo un modo de ganarse la vida, sino también una manera de acercar la palabra a los demás.

Su primer encuentro decisivo con la literatura ocurrió cuando tenía dieciséis años. Por entonces leyó Camuflaje ingenioso para un olvido consumado, de Carlos Casasayas, escritor del pueblo. La lectura lo impresionó. Poco después, encontró a Casasayas en una de las calles de Jiguaní y se atrevió a abordarlo.

Aquel gesto juvenil cambió su camino. Desde entonces comenzó a visitar la casa del escritor, donde recibió consejos, recomendaciones de lectura y sugerencias para enfrentarse a la escritura. En esas conversaciones, Delis descubrió que la literatura también podía nacer en las calles conocidas, en las voces de la gente, en la memoria de un pueblo. Carlos Casasayas fue, de algún modo, la primera confirmación de que ser escritor no era un sueño imposible.

A finales de la década de los noventa llegó otra oportunidad. Delis participó en la primera convocatoria del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, dirigido por Eduardo Heras León, y fue aceptado. Para un joven narrador aquella experiencia significó entrar en contacto con un espacio de formación, rigor y diálogo literario.

En 1999, al concluir el curso, recibió la Beca de Creación Caballo de Coral, otorgada por el propio centro a cinco de sus egresados. Aquel reconocimiento marcó el inicio de una trayectoria que, desde entonces, no ha dejado de crecer.

Después vendrían los concursos, las selecciones, las antologías y los libros publicados. Llegarían también las participaciones en las Ferias del Libro de La Habana y en diversos talleres literarios. Detrás de cada premio y de cada publicación persistía la misma voluntad inicial: escribir en serio, prepararse y demostrar que la distancia geográfica no determina el alcance de una vocación.

Desde Jiguaní, Delis Gamboa Cobiella continúa escribiendo, parece prolongar aquella decisión primera de Narrativa Hacedor: romper con el silencio y demostrar que, aun en los lugares donde la cultura parece dormida, siempre puede surgir alguien dispuesto a encender la palabra.

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